Viaje a través de los gases de la chimenea. Acercamiento al documental Escapes de Gas de Bruno Salas.


 

Viaje a través de los gases de la chimenea. Acercamiento al documental Escapes de Gas de Bruno Salas.

Por Vania Montgomery Yulis


El documental Escapes de Gas dirigido por Bruno Salas aborda el proceso de construcción, uso y destrucción de lo que fue el edificio sede de la Tercera Conferencia Mundial de Comercio y Desarrollo de las Naciones Unidas (UNCTAD III) y posterior Centro Cultural Metropolitano Gabriela Mistral, cuyas ruinas sirvieron como cimientos del actual GAM. No obstante este no es un simple documental que cuente la historia de cómo, paso a paso, se fue soldando cada pieza de acero. Más bien muestra y narra la unión entre obreros, arquitectos, ingenieros y artistas que construían un edificio con plena conciencia de su significado y cuyos aspectos funcionales (tales como la iluminación, las manillas de las puertas o la chimenea) fueron hechos por artistas, treinta y cuatro en total, a modo de obra de arte para formar parte de la futura cotidianidad de un edificio público.

Santiago, 1972: los gases salen por la chimenea roja del escultor Félix Maruenda. Suben desde el casino del edificio. Escapan representando la culminación de los engranajes y mundillos que se construyeron y pusieron en marcha detrás de esta gran estructura. Está todo en plena Alameda como punto neurálgico “para que lo vea todo el mundo”, como dijo en ese entonces el presidente Allende.

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Construcción Edificio UNCTAD III. Imagen cortesía de GAM

Si volvemos 275 días atrás no encontramos nada que pudiese preceder lo que luego vendría y menos lo que posteriormente se le vendría al país, sino sólo una torre habitacional de veinticuatro pisos y un terreno más en la Alameda. Sin embargo, la UNCTAD III se realizaría en Chile como país anfitrión, siendo de gran importancia la capacidad de acoger a los cinco mil delegados de la manera más óptima. La solución fue este edificio, a construirse en tiempo récord por obreros, arquitectos y artistas, junto con los voluntarios que quisieran participar de la convocatoria.

“No pudieron destruir la obra de Salvador Allende total, ahí está. El ave fénix se levantó de las cenizas de nuevo” afirma el obrero Marco Silva cuarenta y cuatro años después de haber sido parte de la construcción. Este es uno de los momentos más importantes del documental, ya que se le otorga visibilidad a uno de los tantos constructores que a pesar de haber sido mencionado en el discurso inaugural del presidente Allende, terminó siendo parte de una mano de obra anónima y olvidada. Así, al encontrarnos frente a frente como espectadores y escuchar el testimonio de Silva, de alguna manera asistimos a la entrega de una cuota de subjetividad hacia otro desconocido más que fue parte de este proceso. Asimismo cabe destacar el que Marco Silva se refiera al entonces presidente como “compañero Allende” y que relata un encuentro entre ambos durante la visita de éste a la obra en construcción, articulando un pasado anecdótico a través de la narración de este obrero y las fotografías que proyecta el documental, es decir, entre el testimonio memorístico personal y el documento fotográfico objetual.

La proyección de este proceso edificador, de algún modo nos abre una ventana hacia otra época: la construcción de catedrales góticas, donde durante cientos de años voluntarios anónimos trabajaban arduamente para erigir una obra en nombre de su religión. Aquí esta última ha sido reemplazada por la idea y el objetivo del desarrollo y crecimiento de la Unidad Popular y el pueblo de Chile, mientras el tiempo ha sido reducido a menos de un año, con varios turnos para completar un trabajo durante 24 horas seguidas. Igualmente esto último nos remite a la vieja historia de la diferencia entre el albañil malhumorado que hace paredes o ladrillos y el alegre que en cambio hace catedrales: Marco Silva y sus compañeros tenían una mirada más visionaria de lo que estaban haciendo y eso les daba ímpetu para seguir y presentarse a la convocatoria, al igual que a los treinta y cuatro artistas participantes y los arquitectos que diseñaron este proyecto, que probablemente en la actualidad hubiese llevado la marca “Nescafé de la UNCTAD” o “Movistar UNCTAD Arena”.

En cuanto al aspecto y composición de algunas de las obras más rupturistas (en el Chile de los setentas) instaladas en la UNCTAD III, nos encontramos con la chimenea, que funciona como hilo conductor a lo largo del documental de Salas y posee una composición minimalista, con líneas rectas y superficies planas que forman ángulos con ejes marcados, a modo de antesala de algunas de las obras y formas que se encontraban en el interior, como la entrada al casino y cafetería que compuso Nemesio Antúnez con franjas de mosaico claras y oscuras que contrastan entre sí en el piso, techo y paredes.

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Entrada a casino y cafetería UNCTAD III, Nemesio Antúnez. Imagen cortesía de Santiago Flisol

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Chimenea, Félix Maruenda. Imagen cortesía del sitio web del documental

 

Posteriormente y a medida que el documental avanza se narra cómo se vivió el golpe de Estado en el ya Centro Cultural Metropolitano Gabriela Mistral, tomado y enrejado por los militares como sede de gobierno producto de los daños que ellos mismos habían causado en La Moneda, rebautizándolo, con una fuerte carga de autoritarismo, como Edificio Diego Portales. Además se menciona cómo muchos de los trabajadores del Centro Cultural fueron llevados directo al Estadio Nacional para ser torturados y asesinados por sus ideologías de izquierda.

La mayoría de las obras de arte fueron robadas o destruidas y sólo algunas se mantuvieron. Otras fueron intervenidas, como los Tiradores de puerta del artista Ricardo Mesa, donde cada tirador representaba el puño alzado de los trabajadores chilenos, siendo invertidos para dar la impresión de unos puños abatidos. Asimismo la chimenea de Félix Maruenda, cuyo color original era el rojo, fue pintada verde. Estas destrucciones y cambios, para varios de los entrevistados en el filme, se debieron a que los militares no eran capaces de entender obras no figurativas, entonces no les gustaban en un sentido estético. Así el único mural que se mantuvo fue el de José Venturelli.

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Mural para la UNCTAD III, José Venturelli. Imagen cortesía de la Fundación José Venturelli

El último capítulo que toca el filme de Salas es el del incendio que se produjo el año 2006 y azotó parte importante del inmueble. Los entrevistados, ven en la adversidad de las llamas la destrucción de uno de los patrimonios más representativos de un Chile que a ratos parece muy lejano al de hoy y también se cuestionan la conclusión del informe realizado por Bomberos, quienes atribuyeron la causa a una falla en el sistema eléctrico del edificio. A su vez las constructoras ven un sitio importante para edificar encima, mientras que el entonces gobierno de Bachelet medita la idea de una llamada a licitación. Miguel Lawner, arquitecto que tuvo un importante papel en la coordinación de equipos del edificio en 1972, da cuenta de lo terrible que le pareció esta última propuesta y asegura que en ese caso se hubiese ido a encadenar en su exterior, aludiendo a la poca conciencia histórica y social que tuvieron las autoridades en un primer momento.

Finalmente (y afortunadamente) se decidió llevar a cabo una recuperación que restauraba el carácter cultural inicial del Centro, abriendo un concurso público de diseños arquitectónicos. Lawner, quien fue parte del jurado, cuenta que hubo de todo: desde proyectos que planeaban destruir lo que quedó y construir torres encima, hasta otros con un carácter más respetuoso con los restos, destacándose el de las oficinas de Cristián Fernández arquitectos asociados y Lateral Arquitectura, que rescataba la estructura exterior original. Tomando ese diseño y aplicandole algunas modificaciones se construyó el actual Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM) donde hoy, paradójicamente, fue exhibido el presente documental.

Con un claro toque de nostalgia y por qué no, rabia con lo que le sucedió a las obras y el edificio presente en los entrevistados y los videos e imágenes que se exponen junto a estos, el director va cerrando su proyección, logrando producir y reproducir una atmósfera que toca y emociona al espectador, llevándolo por momentos a experimentar, como público desde la Alameda, el edificio, su chimenea y los escapes de gas expulsados por ésta.

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Afiche cortesía del sitio web del documental

Escapes de Gas. Bruno Salas, director.

Chile, 2014. 72 mins.

www.escapesdegas.cl

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