De arte visual y algunos dispositivos de exhibición en conflicto. Sobre “Zonas en disputa”: Sebastián Calfuqueo (artista visual) y Mariairis Flores (curadora). MAC Quinta Normal, 2016.

por Sergio Soto Maulén

La elaboración de una práctica artística dentro de las discusiones respecto a cualidades culturales identitarias no sólo resulta problemática, sino altamente peligrosa según aquellos que son partidarios de la autonomía disciplinar. Al menos se podría decir que Joseph Kosuth y Hal Foster ya abordaron ciertos conflictos presentes en el “modelo” del artista en su relación con la antropología. Pero el problema sigue siendo vital para comprender el hecho artístico contemporáneo. Especialmente si nos enfocamos en las transformaciones del lenguaje, los grandes cambios que instalan los soportes digitales, las reflexiones en torno a otros dispositivos como el archivo y las posibilidades que estos reconocimientos suponen para la comprensión del mundo social y su historia.

Una perspectiva bastante usada para entender el arte en Chile es, en pocas palabras, aquella que se posiciona políticamente de acuerdo a la narrativa del sistema objetual. Por lo tanto, del objeto presentado (obra) se pueden desprender: por un lado, un discurso político “contingente” de gran “valor ético”; o bien, por otro lado, tomar distancia de aquello a través de la exploración formal y las posibilidades de los relatos paralelos asociados, por ejemplo, a “lo interesante”, y que difícilmente se torna un dispositivo crítico efectivo para la contingencia.

Bajo el nombre de “Zonas en disputa” (MAC Quinta Normal), Sebastián Calfuqueo (artista visual) y Mariairis Flores (curadora) plantean el problema de la definición de lo mapuche, no solo en su lugar histórico, sino también en su construcción contemporánea.

Si pensamos que las posibilidades de elaborar discursos críticos a las formas del arte contemporáneo tienen que ver con la disputa de los temas y procesos, una cuestión importante sería la experimentación entre distintos soportes, medios y técnicas destinados a la disposición museal y su lógica exhibitiva. Aquello que menciono podría descansar en la simpleza de lo ya acordado por la lógica de las instalaciones, donde prácticamente todo está permitido dentro del cubo blanco (con su posterior despolitización). Partiendo por este lugar en crisis, la propuesta de Sebastián y Mariairis no solo provoca desde los oficios reconocibles del arte, sino también a través de la inclusión de elementos y actividades “ajenas”, como el archivo y su indagación textual in situ. De esta forma, este lugar “blanco”, “limpio”, donde lo político pierde energías (y muchas veces el rumbo), se reactiva a través de la relocalización de la atención: instrucciones, interacciones e interpelaciones (presentes en cada obra), que devuelven la mirada hacia a las experiencias personales del espectador.

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“Vivienda Predeterminada” (instalación), Sebastián Calfuqueo. Imagen: https://sebastiancalfuqueo.com/

Todo lo anterior, y como cualquier cosa, tienen referencias inmediatas en cuanto a sus relaciones entre los tópicos arte, medios y espectador. El producto instantáneo, y donde se encuentra quizás el valor de la muestra, es en el conjunto de disposiciones (o composiciones) presentes entendidas como una totalidad. Los relatos y discursos encuentran una materialización en los objetos presentados como artísticos (video, figuras, estructuras, documentos) en favor de la inclusión de ellos y su presentación museal. Es decir, las dos salas de la muestra responden a la necesidad de visualizar un problema contingente, haciendo una entrega. Así, poniendo en crisis la coherencia disciplinar del artista y los oficios con los que prefiere identificarse, negar la exclusividad del ser “pintor”, “escultor”, “orfebre”, etc.

“Gato por liebre” Sebastián Calfuqueo. Imagen: https://sebastiancalfuqueo.com/

A mi parecer, esto último nos ayuda a comprender que el sentido de esta exposición vista desde la “responsabilidad” antropológica, podría suponer que la presencia de un sujeto “mapuche contemporáneo” está determinado por acumulación y selección. Es decir, son las historias personales de aquellos que se apropian de esa denominación y logran, a través de un sentido crítico, no sólo identificarse, sino mirar con recelo las lógicas del sistema colonial. Los relatos presentados por Sebastián y Mariairis dan cuenta (en un sentido inverso) que la disposición contemporánea a la aceptación de distintas formas de vida, está totalmente definida por aquellas costumbres de un sistema que somete a los cuerpos a ser jerarquizados.

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“Domo” (extracto video), Sebastián Calfuqueo. Imagen: https://sebastiancalfuqueo.com/

De este modo no habría problemas con juntar las etiquetas mapuche y homosexual. O bien, que aquella persona sin relaciones directas, más allá de la relación por ADN que la gran mayoría de los chilenos poseemos con el mapuche, pueda considerarse a ella misma como tal, y esté interesada en formar parte de una organización comunitaria. Algo así como nuevas y múltiples entradas para comprender aquello que rodea al término “identidad” provenientes del archivo y sus relatos.

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“Archivo en construcción”, Sebastián Calfuqueo y Mariairis Flores. Imagen: https://sebastiancalfuqueo.com/

(Archivo en Construcción, que reúne material local del repertorio digital, rescatándolo así del olvido propuesto por las ficciones apocalípticas de internet y sus fragilidades).

Así también, es posible pensar que para encontrar una respuesta sobre la existencia del sujeto mapuche en el mundo contemporáneo, no basta solo con la exhibición de una imagen étnica (muy bien asimilada por la industria contemporánea), o por la repetición del relato oral (desgastado) de las costumbres milenarias. Es necesaria la acumulación de aquella información, como forma argumentativa frente a los modelos de comprensión de vida que reniegan de ciertas historias.

Para terminar, y recapitular, podríamos decir que “Zonas en disputa” logra darle forma a una discusión que pareciera no encontrar su propio lenguaje. En otras palabras, reúne distintas aristas temáticas reconocidas (raza, identidad, género, sexualidad, costumbres sociales, entre otras) y constitutivas del prejuicio fundamental del sistema colonial (las ideas universales) y las organiza en función de la figura de la “disputa”: del conflicto, el desorden y la estrategia. Apropiándose así de esos lugares, o mejor, de esas Zonas que necesariamente deben ser repensadas.

 

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