Emancipar la lágrima. Performance y activismo de disidencia sexual

Emancipar la lágrima

performance y activismo de disidencia sexual [1]

 

A la performer y activista hija de perra, quién nunca quiso ser una “igual”

 

Jorge Díaz

Biólogo Feminista

CUDS

 

“No sólo escribimos quienes no tendríamos que escribir, sino que lo hacemos desde donde no deberíamos hacerlo”

Itziar Ziga

 

 

Algo nos molesta en la representación

 

Algo nos incomoda en la representación. Hay algo que nos molesta y que nos provoca una sospecha tan grande que aún no logramos tranquilizar esa incomodidad que nos surge del vínculo entre lo representado, su tiempo, los efectos producto de una sensorialidad ya aprendida y los canales tradicionales de transmisión del relato del cuerpo. Algo hay ahí que parece que nos engaña siempre, hay algo ahí, en esas narrativas que aún nos parece dudoso, muy dudoso. Y esto se acentúa cuando hablamos de representación de las sexualidades que se resisten a clasificar su ‟supuesta” identificación en el trinomio sexo-género-deseo que tan organizadamente ha sabido imponer sólo posibles combinaciones entre sus factores. Y de todas esas posibles combinaciones que se entregan según las reglas de la lógica, culturalmente se aceptan sólo algunas. Sólo algunas, nunca todas, interponiendo así una ley de posibilidades acotada. Y nosotros imaginando que aún pueden existir más que las que la lógica nos dice, que las que la cultura permite y las que algunas desobediencias proponen. Nosotros pensando que hay otras también.

Hay algo que nos molesta sobretodo cuando hablamos de la representación de las sexualidades en el espacio de lo escénico o lo performático pues hemos creído que hay ahí un territorio que nos permite adoptar formas críticas de enunciación. Sin una politización contextual del cómo reconocernos el cuerpo de las desobediencias sexuales en la escena, nos sigue quedando la duda.

En esta interrogante no hablo sólo de un cambiar de disciplina o del pronóstico de la muerte/re-invención. Una respuesta apresurada nos diría que la solución estaría en desplazar la manera de cómo se entiende la representación del cuerpo en la escena, para explorar otras alternativas donde el híbrido entregue aún más vigor, esto sería, performance, body art, arte acción, danza-teatro, teatro post-dramático. Pero no, puesto que el problema está justamente en la disciplina, aquello que nos acota para actuar. Si bien es necesaria cierta rigurosidad que nos permita trabajar en ciertos mapas o esquemas de trabajo, hay algo en ellos que nos molesta profundamente puesto que nos acota. Quizás nos engaña. Más allá de lo que significa un solo moverse entre disciplinas prefiero responder que la apuesta está en aquello que denominamos como el desfase del tiempo de la representación, en ese punto periférico, en ese tiempo herido que queremos incorporar como rebeldía, un tiempo que cuestione y contamine los lugares de la escena. Y para eso tenemos el activismo: un lugar de creación y experimentación desde el cual nos hacemos un cuerpo. Desde muchos espacios se observa al activismo como un lugar incómodo porque contamina. Sin duda para quienes no gozamos de las regalías de la comodidad identitaria ni estamos conformes con el régimen heterosexual dominante, el activismo no es sino un compromiso. Un activismo que nos tiene corriendo riesgos, tomándonos espacios, calles, páginas, muros, laboratorios, escenarios y facultades hasta contagiarles los bordes.

 

Soy un biólogo que zigzaguea entre las clásicas y asfixiantes estructuras heterosexuales de la ciencia y el mundo del activismo artístico de la disidencia sexual tratando de correr los marcos de lecturas con teorías trans-feministas, esto es, con teorías encarnadas y políticamente peligrosas que desaprueben los intervalos flanqueados por la visión positivista, tratando de contaminarme los ojos y las letras. Es por eso que el motivo de mis palabras son un intento por desviar la mirada hacia el trabajo de los artistas y activistas Sebastián Calfuqueo[2] y Felipe Rivas San Martín[3] con quienes comparto los deseos disidentes de un activismo político hecho de una rebeldía estética a la manera de cómo se representan las disidencias sexuales en el arte.

Me parece que el trabajo de Sebastián Calfuqueo y Felipe Rivas San Martín es un trabajo que toma posición con respecto al arte homosexual, al activismo político y al audiovisual feminista para utilizar estratégicamente estos lugares de enunciación. Esta toma de posición hace que sus trabajos, que profundizan en los efectos culturales de la homofobia y el colonialismo a través de las políticas del cuerpo, no sólo puedan ser leídos en términos formales, pues esto haría de ellos una forma aislada dentro del catálogo artístico. La radicalidad de estas toma de posición habla de un alejamiento a una forma victoriosa que muchas veces adquiere el arte denominado como político “en el que se aceptan los elementos críticos y divergentes del arte, pero a costa que no desafíen ni en el modelo de producción (…) ni tampoco que se desafíe mucho la noción convencional de éxito” [4] .

 

Oscuros híbridos: you will never be a weye de Sebastián Calfuqueo.

 

Las escrituras del activismo de la disidencia sexual, unas escrituras experimentales y poliformes, anarco-barrocas, mediadas entre la política y la poesía, más cercanas al palimpsesto que al ensayo académico, de una tecno-erótica explícita y sin domicilio disciplinario, han insistido sistemáticamente en una misma pregunta: cuál es el lugar que habitamos y qué implica ese contexto en nuestras resistencias. Dicho de otra manera: la pregunta a la que damos vuelta y vuelta es siempre por el “aquí”, por dónde está ese “aquí” que nos constituye como mestizos. Esto porque quizás conociendo el territorio, ubicando la localidad o explorando lo situado de nuestras experiencias podremos encontrar otras formas de dañar al poder del orden establecido. Un poder blanco, y heterosexual que moldeó en nosotros un cuerpo avergonzado, colonizando nuestra habla y nuestra mirada, colonizando nuestro lenguaje y sus representaciones. Es importante explicitar que esta interrogante sobre el territorio es tal vez una de las discusiones que el feminismo contemporáneo ha propuesto intensamente, al agenciar una epistemología que entiende que toda forma de investigación o posibilidad de conocimiento parte siempre como el trabajo de una subjetividad propia hecha de signos culturales que las implican. Sin neutralidad, sin una sola naturaleza objetiva. Por esto mismo, ni siquiera américa latina podría ser vista como una unidad coherente y con una historia aglutinante, por más que hayamos vivido en casi todas partes una segunda colonización económica, dejada como la herencia neoliberal de las dictaduras en el continente. Habría que, urgentemente, rastrear en los signos que esa huella colonial ha dejado en nosotros, convirtiéndonos en sujetos atravesados por fronteras identitarias que rechazamos por política. Dentro de estos esfuerzos críticos locales es que me gustaría situar la performance you will never be a weye[5] de Sebastián Calfuqueo que durante este año 2015 fue exhibida como instalación performática en video, parte de la muestra “Donde no habito, identidades negadas en el Chile actual”[6] realizada por el artista en conjunto con la teórica del arte Mariairis Flores en Galería Metropolitana[7].

 

you will never be a weye de Sebastián Calfuqueo se esfuerza en entregarnos una imagen que no es ni tan real ni tan presente. Una tela negra que soporta la proyección de un video de 4:44 minutos nos permite ver a un mestizo lampiño—el cuerpo del mismo artista—presentarse ante nosotros en una especie de juego óptico de las dimensiones de las pantallas y el color. Un inteligente uso de recursos que confunden la presencia del cuerpo con su imagen proyectada. Una instalación en video, que es a su vez el registro de una performance que en su montaje da la fuerza expresiva de la acción ocurrida y mediada por la cámara y la tela, cuestionando así la autenticidad de la presencia de un cuerpo, problemática fundamental al momento de pensar en los estudios del arte-acción.

 

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Fotografía instalación You will never be a weye. Sebastián Calfuqueo, Performance. Cortesía de Mariairis Flores.

 

En el video, Sebastián se viste lentamente de mapuche explicitando una biografía política de mestizo oscuro y homosexual, la “identidad disonante”[8] de un relato que nos habla de quién a pesar de portar un apellido mapuche ya ha asimilado una cultura chilena mestiza, exponiendo así un fenotipo urbanizado como el de muchos otros mapuches viviendo en la ciudad[9]. Para esta performance, Sebastián no utiliza una indumentaria original sino que compró un traje mapuche en la popular calle meiggs de estación central, representando de alguna manera al mapuche serializado por la industria capitalista que todo lo absorbe. Un mapuche herido, un apellido como tatuaje de una raza medianamente conocida, más bien desconocida me atrevería a decir, apartada por vergüenza, aquella en la que fuimos educados. Sebastián Calfuqueo utiliza así un disfraz barato de mapuche, una indumentaria desclasificada, evidenciando un descalce identitario de quién no tiene un pasado o quién quiere rastrear las huellas de un tiempo que le fue negado por la cultura.

 

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You will never be a weye. Sebastián Calfuqueo, Performance. Archivo del artista.

 

Un hermoso perdedor en una imagen gaga[10] que condensa la estrecha relación entre colonialismo y patriarcado, del haber aprendido inglés antes que mapudungún y que inteligentemente utiliza como título[11]. Una relación que ha sido llamada como una “alianza patriarcal” por feministas como la activista boliviana María Galindo[12] al desnaturalizar una historia lineal entre conquistador y colonizado. “La dominación patriarcal no llegó con los españoles en los barcos aunque eso quisiéramos, simplificadoramente creer” dice.

 

El video insiste en explorar el gesto de la penetración y femininización que desencadenó la extinción de los machi weye, por parte de los colonizadores hasta el punto de que ya no existe ninguno vivo. En la historia mapuche, el machi weye era aquel que transitaba entre los géneros y se les asociaba a prácticas de sanación. Es interesante notar en este punto cuán complejo es explicar la cosmología mapuche sin utilizar las clasificaciones occidentales de identidad, cómo hablar desde una ignorancia constitutiva porque en rigor, el weye no es ni el homosexual, ni el gay, ni el puto, ni el disidente sexual.

 

Sebastián nos recuerda: “siempre es vergonzoso ser femenino, el problema constante en la historia, el rechazo a la feminización de las cosas, afeminado y pasivo como lo más vergonzoso que pueda llegar a pasarte”. Es a partir de esto que la performance nos advierte de la búsqueda de una palabra que más allá de homofobia, permita comprender cómo operan los mismos mecanismos del poder patriarcal tanto dentro de la cultura heterosexual como también en los espacios transitados por los homosexuales identitarios, entregados al mercado y a la industria de la musculatura, los cuales catalogan a los penetrados, sodomitas, locas o “atravesados” como hombres inferiores al estar más cercano a lo fememino.

 

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You will never be a weye. Sebastián Calfuqueo, Performance. Archivo del artista.

 

Recuerdo a “los atravesados”, aquella denominación que hiciera la feminista Gloria Anzaldúa en su libro “Bordeline/la frontera” para reconocer a los chicanos homosexuales viviendo en los estados unidos, hombres atravesados por una frontera, atravesados por un idioma, atravesados por una clase obrera, atravesados por un deseo homoerótico sin freno, atravesados por un dolor. Es importante recordar que hasta el año 1999 la sodomía aún era considerada un delito en Chile a tal punto que para el estado, esta práctica sexual se consideraba un peligro para el orden público. El ano debía esconderse y resguardarse no sólo para homosexuales, sino también como orificio de clausura al cuerpo heterosexual.

 

¿Qué ocurre con los mestizos que fuimos educados para mirar a la raza con pudor, el sexo como enemigo y la identidad como un camino del cual no desviarse?.

 

Sebastián Calfuqueo en you will never be a weye ha hecho un trabajo que duele, explorando las huellas constitutivas de una identidad fracturada, “escribiendo contra si mismo”, evidenciando las contradicciones de quién sabe que el arte puede aún minar el mapa de las identificaciones seguras. Un artista “atravesado” mil veces por vectores críticos que ponen el acento en la feminización del arte y la escritura como las políticas del malestar. “Ni tan pride” siempre concluye.

 

 

Emancipar la lágrima: SU-MISIÓN de Felipe Rivas San Martín

 

La pregunta por cómo representar el dolor de aquellos que han sufrido las consecuencias de habitar los bordes de la actual política de la identidad, aquella que ve en sus individuos blancos, heterosexuales y burgueses su mayor éxito reproductivo, ha quedado muchas veces reducida a una suerte de melancolía que aloja tímidamente su horror en las estrategias del respeto y la compasión por los cuerpos maltratados.

En Chile, el mediatizado crimen del joven homosexual Daniel Zamudio en manos de autodenominados “neonazis”, promovió una importante agitación social que cambió la agenda de quienes aún ven en la asimétrica relación con el Estado, una posible solución legislativa a la actual precariedad de nuestros cuerpos e identidades. Donde antes decía “matrimonio homosexual” ahora dice “no discriminación”.

La política así entendida sería entonces un espacio donde sólo está en disputa la posibilidad de ser —ya sea vivo o muerto— visto. De ahí entonces la importancia de representaciones que cuestionen ese lugar donde opera el ojo de la política, para reacomodar con relaciones de fuerza la ecología visible de sus ciudadanos.

De esta manera, Felipe Rivas San Martín interrumpió en el imaginario sentimentalizado de la muerte de Daniel Zamudio con superformance “SU-MISIÓN[13]”. En la acción, -teniendo como audio de fondo el tema “Toxic” de la cantante pop Britney Spears reproducido en loop– se utilizó principalmente dos espacios como territorios a intervenir: por un lado una superficie de papel blanco donde trazó una esvástica con vino tinto de la marca “Exportación” que expulsaba a sorbos por su boca y, por otro lado su propio torso donde marcó nuevamente la esvástica con un bisturí. Leyó el prólogo del libro “Mi lucha” de Adolf Hitler, mientras efectuaba el cepillado de sus dientes, haciendo la lectura casi ininteligible hasta llegar a provocarse arcadas y finalizó su acción levantando un cartel con la frase “EN EL ARTE DE PERFORMANCE LA SANGRE ESTÁ PASADA DE MODA”.

 

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SU-misión. Felipe Rivas San Martín, Performance. Fotografía de Fabián Andrés Cambero. Archivo del artista.

 

El signo de la esvástica aparece doblemente inscrito: tanto en el perímetro que enmarca la acción (su base), como el cuerpo del artista (su torso), de la misma manera como los asesinos de Zamudio lo hicieron en su cuerpo con una botella rota. Dos son territorios que se inscriben problemáticamente en el título de la acción desde espacios aparentemente desconectados: la predestinación y el auto-sometimiento.

El discurso que sustenta las lógicas cristianas de la vocación habla siempre desde la voz de la predestinación: existe una misión previa a la existencia del cuerpo que debería cada ser humano supuestamente realizar como motivo de un supuesto plan ya trazado de antemano (SU-MISIÓN). De esta forma, Felipe Rivas cuestiona esa supuesta misión de Zamudio evocada en el discurso que acompañó su agonía y muerte [14]pero no como sacrificio sino como autosumisión escogida. Una autosumisión que se hace parte de aquel dolor que frecuentemente se tiende a rechazar como marca de una violencia que se inscribe en aquellos cuerpos vistos como menos útiles.

Si como dice el filósofo Jacques Rancière “las prácticas artísticas son ‘maneras de hacer’ que intervienen en la distribución general de las maneras de hacer y en sus relaciones con maneras de ser y formas de visibilidad”[15] esta performance de Felipe Rivas pretende exponer sin discreción, las estrategias que conforman los ordenamientos estéticos que catalogan a algunos como oprimidos bajo un signo ordenado y claro, dudando de ciertas estructuras de la violencia que, en la figuración humanista de la lágrima, crean una totalidad donde es imposible intervenir.

 

fig5

 SU-misión. Felipe Rivas San Martín, Performance. Fotografía de Fabián Andrés Cambero. Archivo del artista.

 

A su vez, la performance nos habla de cierta incomodidad ante la pérdida del compromiso del arte con la misma pregunta por la representación de aquellos que están “fuera de lugar”.

Así, pareciera que adentrarse en los territorios de la representación de la violencia tiene una importante necesidad ya no sólo para denunciar sino más bien para encarnar y emancipar eso que denominamos como “la sensibilidad”.

Y de ahí la importancia de esta acción, pues logra desvincular—sin melancolía—esa constitución sensible en la que nuestros cuerpos minoritarios parecieran estar siempre presos.

 

El desfase del tiempo del activismo de disidencia sexual

Escribo con el profundo anhelo que el trabajo crítico de la disidencia sexual sea seguir proponiendo irrespetuosamente una crítica, muchas veces cruel, al ejercicio de la representación buscando modos donde emerjan posicionamientos que políticamente incómodos desorganicen la respetuosidad a los macro-relatos del arte y su forma tradicional de representación, proponiendo una visión trans-disciplinaria de la política y el activismo. Que proponga un tiempo[16] donde los relatos somáticos del cuerpo busquen estrategias que desconfíen de la narración naturalizada y heterosexual de las emociones. Es por esto que mientras algunos desde sus sitios de poder sigan diciendo que el arte no cambia el mundo, nosotrxs activistas de la disidencia sexual, insistiremos en las prácticas artísticas como una posibilidad de transformar nuestro entorno, por el derecho a la ficción y a canibalizar la heterosexualidad. Porque el activismo no se contenta solo con cambiar una ley o tal demanda, sino que el activismo es sobre todo una búsqueda inquietante, apasionada y constante por cambiar la distribución de los poderes (simbólicos y bio-políticos), los mapas de identidad conocidos y las estéticas con las que vivimos a diario.

Todo esto siempre con el riesgo del fracaso.

 

 

 

 

 

 

[1] El siguiente texto fue presentado el día 19 de agosto de 2015 como parte de la mesa “El arte de la performance en Chile. Pasado y presente” realizado en el Espacio de Memorias Londres 38. El panel contó además con la participación de Nelly Richard y Sergio Rojas. Agradecimientos especiales a Diego Parra quien me ayudó con la edición de las imágenes.

[2] Sitio web del artista: http://sebastiancalfuqueo.com/

[3] Sitio web del artista: http://www.feliperivas.com/

[4] Martha Rosler. Imágenes públicas. La función política de las imágenes. Gustavo Gili. Barcelona 2007. Pág. 218

[5] El video está disponible en https://www.youtube.com/watch?v=yLF1QQUxezo (visitado en agosto de 2015)

[6] La muestra se compuso de cuatro obras, dos instalaciones, un video, un archivo abierto con materiales de la investigación realizada durante el proceso que los asistentes podían completar con material referente a los tópicos de la sexualidad, la raza y el mestizaje y el registro de la performance que analizo en el texto. La muestra fue parte del eje curatorial de la galería para el año 2015 llamado “Latinoamérica: zona de experimentación”.

[7] Así define a Galería Metropolitana la teórica del arte Nelly Richard: “Galería Metropolitana: extraño proyecto que, en la misma comuna de Pedro Aguirre Cerda, trata de proponer una alternativa (de barrio) a los circuitos galerísticos institucionales y comerciales de Santiago. La arquitectura metálica del galpón de arte cita la precariedad de las construcciones industriales de la comuna haciendo guiño de materiales que subentiende el precio de las difíciles economías de la sobrevivencia que sus directores comparten “igualitariamente” con los vecinos”. Revista de Crítica Cultural, número 24, junio de 2002, pág. 26.

[8] Rescato el concepto “identidad disonante” del texto escrito por Mariairis Flores para la muestra: “es esa misma imposición la que hoy hace oídos sordos frente a las identidades disonantes, mediante la naturalización de las construcciones ideológicas y sociales que nos moldean y que están en directa relación con una moral y una historia nacional. Se nos enseña que la desaparición de algunos pueblos fue producto del mestizaje, no de la imposición, ni de la “conquista” y dicho término es utilizado para referirse de un modo suavizado a la invasión cuya consecuencia directa fue la muerte y cuyos efectos prácticos son la implantación de una religión, de un sistema económico y de una sociedad patriarcal, entendiendo lo intrincado y amplio de cada término”. Texto curatorial de la muestra.

[9] Esta idea fue profundizada en el video “Asentamiento” que fue parte de la muestra. En el video podemos observar diferentes relatos de sujetos mapuches viviendo en la ciudad de santiago donde el primer plano y el close up son las estrategias cinematográficas mas utilizadas. El video está disponible en https://www.youtube.com/watch?v=1QmdDAox5ek (visitado en agosto de 2015).

[10] La teórica estadounidense J.Jack Halberstam ha propuesto la noción de “feminismo gaga” tomando como referente el ícono Lady gaga para instalar una visión queer sobre los temas de la identidad y sexualidad asociándose a la cultura pop y alejándose de la versión mas tradicional del feminismo de corte humanista, involucrando la hibridez del capitalismo instalado, en sus palabras: “el feminismo Gaga es una política que reúne meditaciones sobre la fama y visibilidad con una crítica flagelada sobre la fijeza de los roles para hombres y mujeres. Es un feminismo carroñero que pide prestado promiscuamente, roba de cualquier lado y habita el suelo del estereotipo y el cliché, todo al mismo tiempo. El feminismo Gaga es además un feminismo formado por pasos de tartamudeo e hipo” J. Jack Halberstam. Beacon Press. California, USA 2012 (la traducción es mía).

[11] “El título afirma que “Nunca SERÁS un Weye” y está en inglés por la ironía de haber aprendido esta lengua antes que el mapudungun” Sebastián Calfuqueo en entrevista para el portal electrónico izquierdadiario, disponible en :http://www.laizquierdadiario.cl/Sebastian-Calfuqueo-artista-visual-El-arte-es-un-medio-que-permite-cuestionar-algunos-parametros

[12] Sobre esto, la activista boliviana Maria Galindo dice: “por esa domesticación colonial del deseo erótico-sexual es que yo prefiero hablar de bastardismo y no de mestizaje. Hubo mezcla si, la mezcla fue tan basta que abarcó la sociedad entera si, pero no fue una mezcla libre horizontal: fue una mezcla obligada, sometida, violenta o clandestina, cuya legitimidad siempre estuvo sujeta a chantaje, vigilancia y humillación. El mestizaje es una verdad a medias que quitándole el manto de vergüenza e hipocresía se llama bastardismo”. María Galindo. ¡A despariarcar! Lavaca Editora. Bolivia 2014 . Pág. 106-107

[13] El video está disponible en https://vimeo.com/47381031 (visitado en agosto de 2015).

[14] En el discurso fúnebre de Daniel Zamudio, el Movimiento de Integración y Liberación Homosexual MOVILH dijo “Daniel se fue cuando pensó que su trabajo aquí ya estaba hecho, cuando tuvo la certeza de que había llegado a cada corazón y que había aportado más, mucho más que un grano de arena. Había nacido para algo grande” disponible en: http://www.movilh.cl/index.php?option=com_content&task=view&id=1316&Itemid=1

[15] Rancière, Jacques. El reparto de lo sensible. Editorial Lom, Pág. 10-11, 2009

[16] Además del análisis que podríamos rastrear en la teoría queer contemporánea que analiza la idea de temporalidad queer, al criticar las nociones de futuro como el tiempo de la reproducción que las comunidades queer rechazan (véase Lee Edelman, No Future: Queer Theory and the Death Drive. Durham, N.C., Duke University Press, 2008) lo que se ha denominado ‟La tesis antisocial del queer”. Me parece interesante comentar la visión del futuro que tiene el teórico político Achille Mbembe cuando dice que ‟Así que queríamos recuperar esa categoría de futuro y ver en qué medida ésta podría ser removilizada en el intento de criticar el presente, reabriendo así un espacio no sólo para la imaginación, sino también para la política de la posibilidad” África, el continente del futuro. Entrevista con Achille Mbembe, por Thomas Blaser (octubre de 2013) publicada por la página virtual contemporaneafilosofia.blogspot.com

 

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