¡Indignadxs, uníos!: “Lxs trabajadorxs de la luna” en MAC Quinta Normal


¡Indignadxs, uníos!: “Lxs trabajadorxs de la luna” en MAC Quinta Normal

Por Catalina Urtubia


Hace ya más de un año, Rosa Apablaza publicó un comentadísimo artículo en la revista digital Arte y Crítica, titulado “Artista chileno ¿por qué no te indignas?”, donde se planteaba que el circuito del arte en Chile no se hacía parte del movimiento social, lo que despertó tanto detractores como concordancias. Pese a que en una segunda parte del mismo artículo la autora trabajaba con algunas excepciones, principalmente enmarcadas en el movimiento estudiantil de 2011, Apablaza planteaba la ausencia de movimientos como los eclosionados en el resto de Latinoamérica, preguntándose ¿dónde están nuestros Grupos Etcétera?

Esa última pregunta se me vino a la cabeza inmediatamente cuando me enteré de que el Grupo Etcétera (específicamente Loreto Garín y Federico Zukerfeld) estaría curando una exposición en Chile: “Lxs trabajadores de la luna”, inaugurada el pasado 28 de noviembre en MAC de Quinta Normal, y donde participan más de treinta artistas chilenos e internacionales. La curatoría se enmarca en un proyecto titulado “Espejos” que Grupo Etcétera lleva realizando desde 2010, a raíz de la conmemoración de los bicentenarios latinoamericanos. Esta exposición en particular, que es el cuarto capítulo de “Espejos”, plantea una reflexión en torno al problema del extractivismo[1] en el territorio Latinoamericano, instalando una correlación entre el modelo económico, político y social en el continente.

Carlos Osorio, “Por la extracción a la fuerza”, 2014. Fotografía: Willem Schuitemaker.

Al comenzar a recorrer la exposición, las primeras dos salas efectivamente están marcadas por este interés en pensar el modelo económico Latinoamericano en función de la condición social de los países de dicho territorio. Destacan obras como las de los chilenos Carlos Osorio (“Por la extracción a la fuerza”, 2014) y Alejandra Prieto (“Prensa”, 2014), pero también resultan interesantes las reflexiones de artistas como el alemán Jürgen Stollhaus (“The Goethe-Machine”, 2014), donde ironiza la situación de las mineras abandonadas por agotamiento del recurso explotado, instalando el registro ficticio de una minera abandonada por las mismas razones en la luna (obra que, además, pareciera darle el nombre a la exposición).

La participación de artistas no-latinoamericanos, de alguna manera, expande el problema e instala una situación político-económica transversal. Se evidencia una especie de difuminación de los límites entre el primer y el tercer mundo, entendiendo que estos conceptos se instalan a partir de la polarización entre los países que explotan y exportan sus recursos naturales y los países que procesan dichos recursos, reconociéndose éstos últimos como potencias económicas. El diálogo entre artistas de ambos polos hace emerger enemigos comunes, donde la fuerza de la privatización de los recursos instala el problema del primer y tercer mundo ya no como una tensión entre nacionalidades, sino entre las grandes empresas y los sujetos particulares en todas las locaciones del globo.

Intervención Colectivo En Medio y Estudiantes Liceo de Aplicación, 2012-2014.  Fotografía: Estefanía Henríquez.

Intervención Colectivo En Medio y Estudiantes Liceo de Aplicación, 2012-2014. Fotografía: Estefanía Henríquez.

Ahora, uno de los elementos que me parece más interesante en torno a la curatoría es que, a partir de un problema específico, logra desarrollar a cabalidad varios otros derivados del primero, desbordándose a sí misma. Con esto me refiero a que, si bien la segunda sala funciona en concordancia directa con el problema del extractivismo, el resto de las salas proponen varias miradas sobre conflictos sociales que derivan del modelo económico, presentándose como reflexiones acabadas de dichos conflictos en particular. Emergen problemas como la gentrificación, los estereotipos sociales promovidos por las dictaduras latinoamericanas, la necesidad de organización social, del activismo ambientalista, etc. Y es en este sentido que, recordando la pregunta instalada por Apablaza sobre la carencia de arte activista en Chile, esta exposición nos entrega una cantidad importante de insumos para dicha discusión en la medida en que emerge con mucha fuerza lo político en el arte local.

De hecho, me parece particularmente interesante que “Lxs trabajadorxs de la luna” esté marcada no sólo por la participación de artistas individuales, sino también de varios colectivos o grupos de artistas y activistas que se organizaron para articular una intervención en el marco de la muestra. La presentación de varias obras colectivas a manos de organizaciones chilenas parecieran comenzar a desmitificar la falta de organización y participación en el contexto chileno; aunque destacan también varias intervenciones de colectivos  que se organizan a partir de eventos particulares. En este sentido, vale la pena destacar obras como la instalación propuesta por Colectivo En Medio (Francisco Villarroel, Paula Urizar, Matilde Campos, Cristián Pérez, Sebastián Robles, María Jesús Schultz, María Jesús Olivos, Máximo Corvalán-Pincheira), donde se expone el registro y trabajo con un grupo de estudiantes del Liceo de Aplicación a raíz de la toma que realizaron al Museo de la Solidaridad Salvador Allende en abril de 2012. Esta obra, además, evidencia la relación que se ha instalado los últimos años donde el movimiento social chileno se vincula directamente con el movimiento estudiantil.

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Vista de sala, intervención CRAC Valparaíso y Caja Negra Asociados, 2014. Fotografía: Willem Schuitemaker.

Siguiendo con las intervenciones colectivas, encontramos la participación de Caja Negra Asociados (Claudia Osorio, Claudio Oyarce, Rene Van Kilsdonk, Leonardo Portus, Neto, Víctor Hugo Bravo) bajo el título “Repulsa” (2014), donde se presentan obras que reflexionan sobre el fenómeno inmobiliario que afectó particularmente al espacio Caja Negra y que causó su cierre. En una línea cercana, vinculada al problema de la gentrificación, se instala una intervención conjunta entre CRAC Valparaíso y el colectivo argentino Iconoclastas, donde destaca una cartografía de los sectores afectados por boom inmobiliario en la V región, titulada “¿Te invité yo a vivir aquí?” (2014), la cual nace a partir de un estudio motivado por el incendio de abril de este año en los cerros de Valparaíso.

Otro elemento interesante es la cantidad de obras vinculadas a acciones o activismos que se dan por fuera del museo, tales como la instalación de propaganda serigráfica o el registro de acciones que son reproducidas en el contexto de la exposición. De hecho, la misma intervención de CRAC Valparaíso funciona a partir de la instalación de varias serigrafías asociadas al problema que aborda la cartografía mencionada. En este contexto, vale la pena destacar también la intervención del Taller de Serigrafía Instantánea, que paralelamente nos guía al problema sobre cómo leer desde el contexto museal obras que están destinadas al espacio público, lo cual deriva en debates donde se defiende o se critica el accionar político de dichas obras en un contexto que “las reduce” a un objeto de contemplación.

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Taller de Serigrafía Instantánea, 2012-2014. Fotografía: Willem Schuitemaker.

Un ejemplo de lo anterior podría ser la intervención de Francisco Papas Fritas en el frontis del MAC, la cual ha recibido tal nivel de cobertura de parte de los medios, que incluso ha tendido a invisibilizar el resto de la exposición: hablamos de “Ladrillo angular” (2014), una instalación que cuenta con seis esculturas en tamaño real, de una escolar baleando a Pinochet, Aylwin, Frei, Lagos, Bachelet y Piñera. La obra está además acompañada de un texto donde se instala el problema del modelo económico instalado por Pinochet y su mantención durante los gobiernos democráticos. El trabajo de Papas Fritas, pese a auto-presentarse como contestatario, se instala en el Museo de Arte Contemporáneo, una de las instituciones artísticas más reconocidas del país, lo que a vistas de algunos puede implicar una incongruencia en la medida en que critica a la Institución enmarcándose en la misma. Sin embargo, este elemento –pienso- debe ser leído a partir de la circulación que le permite: lo mismo ocurrió con la obra que presentó en el GAM en abril de este año, cuya instalación estratégica en dicho centro cultural (uno de los más concurridos del país) le permitió una cobertura bastante superior a la que habría tenido en una galería independiente. Asimismo, este alcance concuerda con los lineamientos de Grupo Etcétera, que desde sus inicios ha buscado llevar al museo obras que manifiesten el malestar que se hace presente en la calle.

Por último, me parece interesante volver a comentar cómo, pese a la transversalidad que hemos mencionado, emerge lo político del arte chileno en una exposición que en primera instancia no buscaba dicho objetivo. Llama la atención también cómo la curatoría centrada en reflexionar sobre el modelo económico global, se transforma de alguna forma en un “punto de partida” para la reflexión sobre la condición social de las comunidades actuales, a nivel particular. La exposición se transforma en una eclosión de reflexiones, que pese a que podrían parecer distantes en una primera instancia, se entraman para formar una red de oposiciones que expresan un malestar organizado que se toma el museo.

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Lxs Trabajadorxs de la Luna. Espejos.
Del 28 de noviembre del 2014 – 18 de enero del 2015
Museo de Arte Contemporáneo, sede Quinta Normal
Idea y coordinación: Loreto Garín y Federico Zukerfeld
Artistas y colectivos participantes: Araña Galponera (Argentina), Alice Creisher (Alemania), Andreas Siekmann (Alemania), Alejandra Prieto (Chile), Azul Blaseotto (Argentina), Bert Theis / Isola Art Center (Italia), Carlos Trilnick  (Argentina), Chto Delat? (Rusia), Democracia (España), Eduardo Molinari (Argentina), En Medio (Chile), Francisco Papas Frita (Chile), Guillermo Núñez (Chile), Iconoclasistas (Buenos Aires), Jürgen Stollhans (Alemania), Javier Rodríguez (Chile), Khaled Jarrar (Palestina), Marcelo Brodsky (Argentina), Máximo Corvalán (Chile), Prabhakar Pachpute (India), Matthijs de Bruijne (Holanda), Rupali Patil (India), Taller de Serigrafía Instantánea (Chile), Víctor Hugo Codocedo (Chile), Víctor Hugo Bravo (Chile), Juan Carlos Romero (Argentina), Zanny Begg (Australia), Caja Negra (Chile), Carlos Osorio (Chile) Loreto Garín (Chile) y Federico Zukerfeld (Argentina).
 

[1] Según el documento-guía que acompaña la exposición a través de códigos QR en las salas del museo, “Extractivismo es un término instalado hace pocos años por el pensador y activista uruguayo Raúl Zibechi, quien define al extractivismo como una segunda fase del neoliberalismo. Según el pensador, la primera fase fue la privatización que se impuso en los países del cono sur gracias a las dictaduras militares. La segunda fase se ha insertado en nuestros países después del año 2000 con los gobiernos progresistas, un modelo que ha ido creciendo a la par de las crisis económicas -y de representación- sufrida por los países centrales de Europa. Este modelo, que actualmente organiza la economía de nuestros países, está basado en la dependencia de la extracción intensiva de recursos naturales, de bajo procesamiento, y destinado a la exportación”. En este sentido, y según lo planteado por la curatoría, este concepto se está entendiendo también como parte de un modelo neocolonial.

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