Juanito Yarur lo hizo de nuevo. Precariedad y Moda en el MAC.


Juanito Yarur lo hizo de nuevo.

Precariedad y Moda en el MAC

 

Por Diego Parra Donoso


11807127_853892418037397_3535169491978984336_oFuente: Facebook MAC / Museo de Arte Contemporáneo

Pensar en las instituciones museales públicas suele reducirse a hablar sobre la evidente falta de recursos, sin embargo, es importante también referirse a sus programas curatoriales y educativos, y cómo es que ese concepto, el de “lo público”, hace su aparición en dichos programas. Esto porque, al referirnos a un museo público, hablamos siempre de una institución que no tiene sentido de existir, si no es a través de su labor como agente de desarrollo cultural para todo el país.

Los museos de arte contemporáneo, entendiéndolos como una tipología museal específica (es decir, diferente de los museos de bellas artes, de los museos de artes decorativas y también de los museos históricos), son bastante complejos cuando se trata de definir sus objetivos. Existe un cierto acuerdo tácito, de que a nivel de colección, un museo de arte contemporáneo debe resguardar y poner en valor obras de arte y archivos relativos a la producción artística posterior a 1945, periodo en el que la vanguardia histórica es clausurada y un nuevo momento histórico da inicio en el mundo. Pero además, el concepto contemporáneo, implica un acercamiento especial a la obra, al artista y a la historia del arte, el cual se caracterizaría por lograr dar lugar a múltiples temporalidades más allá del presente en sus muros, es decir, si bien el museo resguarda arte producido a partir de 1945, esto no implica que una exposición no pueda albergar pintura de los primitivos italianos del quattrocento, pues la actualidad estaría dada en la propuesta curatorial (o sea, la manera en que ideológicamente se exponen las pinturas). Lo contemporáneo no exige necesariamente un apego radical al presente, a lo que está ocurriendo exactamente en este momento como podría pensarse al escuchar dicho concepto, sino que implica la necesidad de manifestar una determinada forma del ser actual, donde pasado, presente y futuro se entremezclan; y lo local se funde con lo global, desde la idea de que actualmente vivimos en un mundo con múltiples centros y periferias móviles, no estáticas. De este modo, un museo de arte contemporáneo, es también un museo esencialmente crítico, donde la reflexión sobre la realidad tiene lugar, y no sólo el dictado de preceptos y cronologías artísticas, como tradicionalmente la gente entiende al museo.

En Santiago, contamos con un gran y tradicional museo de arte contemporáneo, el de la Universidad de Chile, institución protagonista de cualquier manual de historia del arte en Chile, junto con la antigua Escuela de Bellas Artes, perteneciente a la misma universidad. Hoy, el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), dirigido por el académico Francisco Brugnoli, vive bastante lejos de las glorias y luces que durante la década de los cincuenta, sesenta y principios de los setenta tuvo. Ahora, vive básicamente de la irrenunciable querella por falta de presupuesto y al mismo tiempo, de las exposiciones que otros financian. Con el exiguo presupuesto que la universidad es capaz de proporcionarle (dada la permanente sordera y ceguera de parte del Estado de Chile luego del retorno a la democracia con respecto a esta institución educativa), el museo se ha visto obligado a construir su programa expositivo a partir de lo que los institutos culturales de embajadas y fundaciones privadas pueden darle; esto es sin duda alguna una situación gravísima, pues el museo en tanto que lugar de producción simbólica, debe ser un espacio independiente, que maneje sus propias pautas a la hora de ofrecerle a la comunidad una determinada manera de entender no sólo a la producción artística actual, sino que también de la historia del arte y más importante aún, de la realidad contemporánea.

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Fuente: Facebook MAC / Museo de Arte Contemporáneo

Si bien esta comunión entre lo público y lo privado ha dado ejemplos de buenos resultados, la situación no debe cegarnos del hecho de que en términos de calidad, el MAC debe dar espacio a exposiciones sumamente dudosas, que si no fuera porque el gobierno federal alemán o la república francesa financian parcialmente, no tendrían lugar en museo alguno. Pero como dicen, en gustos no hay nada escrito, por lo que no podríamos elaborar una crítica seria sobre el actual estado del MAC únicamente en base a lo que personalmente pueda sentir con respecto a las exposiciones que el museo alberga o no. La discusión a mi entender, pasa en torno a las agendas particulares de las instituciones que llevan exposiciones al museo, que no tienen en cuenta el rol público que el MAC tiene, o mejor dicho, debe tener.

Quienes asistimos al museo, tenemos claro que este lugar ha instalado exhibiciones inmejorables, que sin duda alguna contribuyen al desarrollo cultural del país, con ejemplos como Chile años 70 y 80: Memoria y Experimentalidad (2011), Joseph Beuys Obras 1955-1985 (2014), Housing in Amplitud (2014), Georges Rousse (2014), Proceso (2013), Dislocación (2010), entre otros. Sin embargo, en otras hemos visto cómo es que los intereses particulares de quienes financian exposiciones han ignorado del todo cualquier idea de aporte al país, centrándose únicamente en el onanismo auto celebratorio, en el marketing personal e institucional. El ejemplo que se nos viene a la mente es la exposición Colección Juan Yarur: Un relato Personal (2013), que inauguró una inusitada alianza entre Parque Forestal y la fundación del Kim Kardashian de los Yarur. En ese entonces, en un acto sin duda alguna incomprensible e injustificable, Yarur decidió armar una inauguración privada, donde el tradicional público que da vida a este museo (principalmente estudiantes y académicos de artes de diferentes escuelas) quedó fuera. Juanito había decidido tratar al museo como un lugar personal, como una extensión de su colección. La realidad retornó cuando en medio de otro evento contiguo, sujetos ingresaron al museo y robaron dos obras de Damien Hirst, la precariedad y la desidia de las autoridades para con el museo habían re aparecido espectacularmente.

Hoy, en el 2015, el director del MAC, Francisco Brugnoli, decidió revivir la alianza y albergar la exposición David LaChapelle Fotografías 1984-2013, del fotógrafo norteamericano homónimo. Durante su inauguración la semana pasada, el museo se vistió de frivolidad y quiso nuevamente ser glamoroso, olvidando que su colección yace guardada en dudosas condiciones de conservación, que su Catálogo Razonado aún no ve la luz (luego de un intensísimo trabajo) y además, que prácticamente la totalidad de sus trabajadores no tiene contrato y por lo tanto, no posee privilegio alguno (porque en un país como Chile, los derechos laborales parecen ser sólo un privilegio, no un derecho). Y ni hablar que ese glamour pasa por hacerse el loco con la sede hermana (y pobre) del MAC Parque Forestal, la de Quinta Normal, donde la situación pasa desde la sorpresa al horror. Esa noche, el diario La Tercera, como nunca lo hace, tomó todas las fotografías que pudo y lanzó incluso un especial en su segmento de farándula Glamorama, donde sentenció acerca de los mejor y peor vestidos (incluyendo al mismísimo LaChapelle), actores, opinólogos y famosos varios se tomaron todas las selfies y fotografías oficiales que pudieron, los destilados corrieron y Juanito, el maestro de ceremonias, desplazó completamente a Brugnoli como dueño de casa. Igual que en 2013, un sujeto con agenda privada (de celebrity y especulador a futuro), hizo suyo al museo, que lánguido por falta de presupuesto, no tuvo otra más que sucumbir a su dinero.

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Es claro que la situación correspondiente a la inauguración fue más desagradable de lo que acostumbran ser estas, llenas de mucha gala y gente figurando para que nadie del circuito se olvide que siguen vivos. Pero más allá de ese momento, queda preguntarse ¿por qué el MAC nuevamente opta por servir como espacio privado de Juanito Yarur? La pobreza no es y nunca será una respuesta, pues si pobreza es sinónimo de abandono de la misión institucional, eso implicaría que el museo no tiene más que cerrar sus puertas ante la imposibilidad de funcionar adecuadamente. Quiero aclarar, que no me molesta en lo absoluto la iniciativa privada vinculada a las artes, me parece que un museo como el MAVI cumple un rol fundamental en el campo y que muchas de sus exposiciones son de una calidad y densidad crítica innegable; y al mismo tiempo, que alguien decida ingresar al sistema del arte contemporáneo como coleccionista tampoco me parece negativo, y si quiere a futuro lanzarse como un especulador, ahí él (es su negocio); pero mi problema pasa cuando ese camino al estrellato pasa por usar y abusar de las instituciones públicas y sus problemas internos. Es claro que LaChapelle es un artista que hace mucho debió haber tenido una exposición en Chile, de hecho es un artista que me agrada y creo fundamental para entender los fenómenos propios de la fama en la contemporaneidad, pero ¿tenía que hacer su llegada a nuestro país únicamente en función del capricho de un treintañero millonario? ¿Tenía que construirse una exposición, dispositivo crítico por antonomasia, únicamente a partir del deseo personal de adquirir estatus intelectual y económico de un sujeto? Si bien la exposición hizo su escala en Chile, luego de haber sido presentada en Lima, cuestión que aparentemente “limpiaría” la curatoría de un eventual re direccionamiento personal por parte de Yarur, quizá la imagen que abre la exhibición revela lo impresentable del evento: un retrato de Juanito comisionado a LaChapelle hace algunos años. ¿Cómo no asociar esto a un único interés: infinita pretenciosidad?

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Fuente: Facebook MAC / Museo de Arte Contemporáneo

Finalmente, me parece que cuando la Universidad de Chile intenta –a través de su rector– posicionar el tema del rol de las instituciones educativas del Estado para con el país y al mismo tiempo, cómo es que el Estado debe re componer sus relaciones con sus propias universidades, esta exposición no hace si no, agravar la crisis. ¿Con qué cara la Universidad de Chile puede explicarle a la comunidad que es una universidad pública, diferente a las demás, porque entiende su quehacer únicamente por medio del desarrollo que pueda producir en la sociedad? ¿Dónde sería posible pensar algo así como la “función pública” en un bochornoso evento de gala, donde la prensa se regocija porque puede fotografiar famosos y hablar sobre lo bien o mal que se visten? El MAC es en estos momentos una batalla perdida y al contrario de lo que se podría pensar, no es una institución que haya sido comprada por alguien dado su estado de abandono, sino que es un lugar entregado a este tipo de fenómenos por parte de una dirección que al parecer ha perdido claridad en sus funciones. Desde arriba se permitió que el llamado político que hizo Guillermo Núñez a ocupar el museo como una herramienta de denuncia, fuera perversamente invertido al convertirse este último en una extensión del Fundo Yarur.

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