La violencia desde la perspectiva de Ana Mendieta.

Fragmento de Ana Mendieta, Glass on body (1972) Fotografías de 35 mm a color sobre papel

Por Varsovia Castro

Si tomamos en cuenta cómo es contada y enseñada la historia latinoamericana que se imparte desde la educación básica en nuestro país, nos encontraremos con un continente que ha pasado por numerosos conflictos violentos que se remontan desde la llegada de los colonos europeos a partir del siglo XVI con el descubrimiento de América por parte del genovés Cristóbal Colón. Tomando este acontecimiento como punto de partida, los nativos de este sector del planeta se vieron forzados en adoptar una nueva forma de vivir, impuesta por los europeos que tenían el ambicioso propósito de adueñarse tanto del territorio físico como de los pueblos originarios que existían desde hace siglos atrás y así poder extraer elementos que pudieran enriquecer económicamente a sus países, sin importar los métodos a utilizar con tal de lograr este objetivo. 

Como resultado de esto, nos encontramos en la actualidad con países que aunque tengan una historia local propia poseen como punto en común la violencia, que siempre se expresa en distintos periodos históricos y que suele provocar eventos traumáticos que hasta la fecha podrían seguir sin una respuesta, dejando a una o más personas cuestionandose acerca de lo acontecido y por qué motivo pudo suceder. Teniendo en cuenta esto, la historia que se ha construido en latinoamérica es sedimentada, se produce a partir de una especie de acumulación de eventos que no necesariamente han sido concluidos, lo cual puede llevar a un individuo constantemente al pasado en la búsqueda de las piezas faltantes de este rompecabezas histórico.    

El concepto violencia siempre ha dado mucho que hablar tanto en los medios de comunicación respecto a acontecimientos trágicos (guerras, atentados, entre otros) como en discusiones generadas dentro de espacios académicos. Pero el tema de la violencia no se limita solamente a ser discutido dentro de los espacios ya señalados, sino que también es un tema tratado dentro del campo artístico. El arte dentro de un contexto que tiende a ser marcado por eventos violentos, busca generar momentos reflexivos respecto a cómo nos encontramos habitando la violencia, sin llegar a exponernos duramente a la experiencia vulnerable como tal, instalándonos como espectadores de representaciones verosímiles, que son la muestra de algo que está sucediendo en el día a día fuera de nuestra zona de confort y que por nuestro propio bienestar preferimos evitar.

Considerando lo señalado anteriormente, como una manera de comprender mejor la relación del arte con la violencia, en las siguientes páginas tomaremos como caso la obra de Ana Mendieta, artista latinoamericana contemporánea. 

Nacida el 18 de noviembre de 1948 en la Habana, Cuba, Mendieta es exiliada a los 12 años junto a su hermana Raquelín a Estados Unidos a través de la operación llamada Peter Pan organizada por la CIA y la Iglesia Católica, la cual consistió en la manipulación y desinformación de la población cubana a través de distintos medios de comunicación masivos de la época, que constantemente hacían el llamado a los padres a  preocuparse por la seguridad e integridad de sus hijos, manifestando que el sistema comunista de Fidel Castro era capaz de arrebatar a los niños de sus respectivas familias para ser adoctrinados severamente bajo esta ideología. Como resultado de esta manipulación psicológica que pretendía sabotear la forma de organización de la isla, durante los años 1960-1962 alrededor de 14.000 niños entre 6 y 12 años fueron llevados clandestinamente a España y Estados Unidos junto con organizaciones religiosas. 

Teniendo en consideración el contexto en el que estaba creciendo Ana Mendieta, al estar en territorio norteamericano que en su momento le fue desconocido, muy lejos de su familia y de la tierra que le vio nacer, la artista se vio expuesta a partir de su adolescencia a la severa discriminación por parte de los anglosajones quienes la veían como un subalterno, como una mujer inmigrante latinoamericana, antecedentes que son muy relevantes puesto que adquieren protagonismo en su producción artística a partir de la década de los ‘70, carrera que se vió truncada a mediados de los ‘80 con la muerte en extrañas circunstancias de la artista.

La obra de Mendieta fue influenciada en parte por la figura de Hans Breder, artista conceptual que fue su profesor durante su tiempo como estudiante en la Universidad de Iowa, se caracterizó por la elaboración de obras en torno al arte corporal o conocido también como body art, en conjunto con el land art y por el uso de sangre de origen animal mezclada con témpera en sus obras. “Su fascinación por la sangre procede del convencimiento de su poder mágico, pero también la utiliza como materia (orgánica) femenina, para distanciarse de los (asépticos) materiales masculinos.” (Baigorri, 2006)

Es en este período en el que Mendieta, elabora piezas artísticas que buscan denunciar la violencia que sufren las mujeres como “Glass on Body” (1972) (fig. 1), en la cual la artista presiona contra un cristal de vidrio su rostro en distintas posiciones que son capturadas por una cámara fotográfica, haciendo alusión de esta manera a la deformación de los rostros de las mujeres que son maltratadas. Posteriormente junto a su hermana producen el corto “Moffit Building Piece” (1973) (fig. 2), material audiovisual que registra cuál sería la reacción de los peatones ante un gran charco de sangre de cerdo que la artista depositó a las afueras de su vivienda. Esta secuencia de imágenes invita a reflexionar respecto a la indiferencia de las personas ante la violencia, debido a que muy pocos de los peatones prestaban atención a ese fluído en el suelo o muchos simplemente lo esquivaban para seguir con su camino.

Figura 1: Ana Mendieta, Glass on body (1972) Fotografías de 35 mm a color sobre papel.
Figura 2: Ana y Raquelin Mendieta, Moffit Building Piece (1973). Fotogramas del cortometraje.
Figura 3: Ana Mendieta, Untitled (Rape scene) (1973). Fotografía de 35 mm a color sobre papel. 254 x 203 mm. Tate Gallery.

Una de las obras más llamativas y polémicas de la artista cubana es “Rape scene” (1973) (fig. 3), representación artística performática en la que Mendieta recrea una escena de violación desordenando por completo su departamento en el campus universitario de la Universidad de Iowa e instalándose a sí misma apoyada en una mesa, amarrada de pies, manos y desnuda de la cintura hacia abajo llena de sangre entre sus piernas. Cuando la artista montó esta escena que es más cercana a lo teatral, a diferencia de las otras obras que se han mencionado, convocó a un grupo de amigos cercanos que asistieron a su vivienda con la invitación de una supuesta comida con Mendieta. Estas personas al momento de llegar al domicilio, vieron la puerta principal entreabierta y se encontraron inesperadamente con la escena. El contexto de esta obra proviene de la violación y asesinato de Sarah Ann Ottens, estudiante de enfermería de la misma universidad, hecho ocurrido el año de la realización de la puesta en escena. 

Lo planteado en esta performance, la elaboración detallada de una escena tan impactante y cruda de ver a simple vista como lo es el abuso sexual, es la muestra de la existencia de una violencia expresiva, en que el cuerpo femenino se convierte en un simple objeto que fue utilizado y desechado por el femicida no sin antes dejar una huella o firma en la escena del crimen, elemento que destaca la escritora Rita Segato (2013), quien señala : 

“La firma no es una consecuencia de la deliberación, de la voluntad, sino una consecuencia del propio automatismo de la enunciación: la huella reconocible de un sujeto, de su posición y de sus intereses, en lo que dice, en lo que expresa en palabra o acto.” (pág.22) 

Teniendo en cuenta este punto de vista, del cuerpo violentado como si fuese una hoja en blanco en la cual el homicida pueda dejar registro de autoría en ella, es también la muestra de la transformación del cuerpo femenino en un territorio a ser dominado, tomado o poseído, aspecto que se puede incluso relacionar con eventos de mayor envergadura como lo fue el proceso de colonización en latinoamérica, teniendo en cuenta que en ese período histórico se vulneraron de diversas formas a los nativos por parte de los colonos europeos. 

“Rape Scene” (1973) es una obra compleja y que al igual que las otras representaciones ya mencionadas es posible asociarla a lo contemporáneo, teniendo en cuenta que este caso presentado no es algo que sea estrictamente asociado al tiempo en el que fue preparada la puesta en escena, sino que puede llevar al espectador a establecer relaciones con otros momentos históricos, con otros tiempos y a cuestionarnos la realidad en la que estamos habitando. Posiblemente a ese punto reflexivo llegaron los amigos invitados por Mendieta que probablemente nunca esperaron realizar semejante hallazgo, al menos nunca tan de cerca.

La presencia de Ana Mendieta en ese espacio conecta a los asistentes de esta escena  con lo que está representando. Los espectadores se vinculan de alguna manera con el crimen real en el que estuvo basada la performance, tal como sucede en la visita guiada que experimentó la escritora Diana Taylor en Villa Grimaldi, lugar en el cual se llevaron a cabo numerosas violaciones a los derechos humanos durante la dictadura en Chile. Taylor dentro de este espacio en la compañía del guía Pedro Matta quien fue torturado en ese mismo lugar, termina siendo para la autora como la conexión entre el presente y las vivencias pasadas, indicando “Su performance —refiriéndose al rol de Matta en las visitas guiadas— anima el espacio y lo mantiene vivo. Su cuerpo me conecta con lo que Pinochet quería desaparecer, no solo el lugar sino el trauma.” (Taylor, 2012).

Tomando estas palabras de la autora, pero ahora aplicadas en la obra de la artista cubana, Mendieta logra introducir a los observadores en la representación de un espacio que pretende evocar una vivencia pasada, de rememorar a través de la performance la experiencia traumática de la joven fallecida y al mismo tiempo, tiene la intención de llevar al espectador a enfrentar una situación límite al pasar a ser parte de la escena, porque no es lo mismo ir transitando por un espacio público concurrido y encontrarse con un charco de sangre que perfectamente puede ser ignorado, que ir de visita a la casa o departamento de un ser querido y encontrarse con una escena de gran magnitud como lo es “Rape scene”. De esta manera Ana Mendieta genera una obra que no deja a nadie indiferente, que busca concientizar acerca de los abusos que se generan día a día hacia las mujeres dentro de un contexto en el que una sociedad machista ve a la mujer como un objeto y a la vez, espera a que el espectador no solamente se quede en un rol pasivo, sino que en uno activo y que sea capaz de tomar decisiones en situaciones extremas. 

Figura 4: Ana Mendieta, Imagen de Yagul (1973) de la serie Siluetas en México (1973-1977). Fotografía de 35 mm sobre papel. 50.8 cm x 33.97 cm.

En los siguientes años, Mendieta desarrolla un cuerpo de obra que se caracteriza por estar estrechamente vinculado con la naturaleza y con la tierra, elementos que aparecen en su carrera artística a partir del viaje que realizó a México en el año 1973 a través de un programa de verano en la Universidad de Iowa. El acto de viajar a un país latinoamericano hizo sentir a la artista más cerca de alguna manera de sus orígenes, lo cual termina plasmando en “Siluetas” (1973-1980) , serie de fotografías que documentan la producción artística de la cubana en espacios abiertos durante los años 1973 y 1977. De esta amplia serie destaca la “Imagen de Yagul” (1973) (fig. 4), en que la artista junto con la ayuda de sus acompañantes en ese entonces, sobre su cuerpo inmóvil y desnudo en el interior de una tumba en Oaxaca, colocaron una gran cantidad de flores que cubrieron gran parte de su cuerpo de forma meticulosa, provocando la sensación en el observador de que las pequeñas flores emergieron desde su propia carne. Es en esta obra, en que la artista busca destacar la producción de arte latinoamericano y al mismo tiempo rescatar y recordar lo precolombino, que pareciera ser olvidado lentamente con el paso del tiempo, quedándose atrás la historia de los pueblos latinoamericanos en general.

Teniendo en cuenta  esta última idea pero situándola bajo el concepto “horizonte histórico”1 que desarrolla la autora Silvia Cusicanqui, el resultado de cómo se encuentran los descendientes de los pueblos precolombinos y la conservación material de los vestigios de estos antiguos pueblos, se origina a partir de la constante aplicación de mecanismos de disciplinamiento cultural que comienzan a partir del ciclo colonial, generando de esta manera un conflicto del tipo étnico, en el cual la figura europea imponía su credo católico por sobre la cosmovisión de los nativos. En los ciclos posteriores que plantea la autora dentro del “horizonte histórico” (liberal a partir del siglo XIX y populista desde 1952), dejan en claro que constantemente tanto las etnias como la población en general han sufrido numerosos cambios drásticos, violentos, provenientes de entidades dominantes que instalan mecanismos disciplinarios que van variando de acuerdo al período histórico, estableciendo así una sociedad en el cual opera un orden otorgado por la violencia. 

Mendieta a través de obras como “Imagen de Yagul” o de la serie “Siluetas” , resalta una historia que con el paso del tiempo ha sido sedimentada por los severos mecanismos disciplinares de una fuerza dominante y que corre el riesgo de ser aniquilada. Es por esto que la obra que elabora la artista al involucrar materiales como el barro, la tierra y otros elementos de origen orgánico en conjunto con su propio cuerpo como parte de este proceso creativo, tiene una característica ritual que se termina de consolidar al momento en que la artista realiza un registro fotográfico o audiovisual. “Sus registros son como registros etnográficos de rituales, de sus elementos y sus vestigios. La ausencia de sonido intensifica aún más esa atmósfera etnográfica.” (Ceppas, 2016)

La artista a lo largo de su producción artística opera desde la posición de subalterno, dentro de un territorio en el cual no se halla a sí misma debido a la discriminación por la cual se ve afectada desde su llegada a Estados Unidos. Esto la lleva a identificarse con la marginalidad, con personas que han sido ignoradas o violentadas dentro de una cultura dominante y lo que hace es dar voz a todas las personas que han pasado por estas lamentables experiencias.  

Gracias a la experiencia que vivió en México, al acercamiento que tuvo con latinoamérica, logra incorporar estos aspectos a su obra performática con tal de lograr una conexión con sus propios orígenes, tratando de esta manera de lidiar con el trauma de haber sido arrancada violentamente de su país, al cual recién vuelve temporalmente en 1980. Teniendo presente la obra “Imagen de Yagul”, es posible comprenderla mejor tomando las palabras de la propia Ana Mendieta (1981):

“Mi arte es la forma en que establezco los lazos que me unen al universo. Es un regreso a la fuente materna. A través de mis esculturas de tierra/cuerpo me hago una sola con la tierra. Me convierto en una extensión de la naturaleza y la naturaleza se convierte en una extensión de mi cuerpo.”2 (pág.17)    

La producción de la artista cubana Ana Mendieta revisada y analizada a lo largo del desarrollo de este texto, evidencia cómo el arte se produce dentro de un contexto que está marcado por acontecimientos violentos y al mismo tiempo la perspectiva de Mendieta sobre la violencia nos sirve como una guía o punto de partida para poder comprender las problemáticas que enfrenta latinoamérica, problemáticas que de acuerdo a lo planteado en este espacio no son algo reciente. Es por esto que la figura de Ana Mendieta continúa estando presente en la actualidad, puesto que la discriminación y los abusos de todo tipo siguen sucediendo en el día a día. La huella que dejó la artista con sus representaciones artísticas que se sitúan en los límites del arte, es algo que nunca podrá ser invisibilizado y que seguirá presente a futuro, invitando a los espectadores a reflexionar acerca de los problemas que persisten en el mundo en el que vivimos, y además invita a que los espectadores abandonen su zona segura y abran los ojos ante lo crudo que puede ser la realidad fuera de ese espacio.


Anotaciones

1.- El horizonte histórico consiste en una manera de estructurar la historia en tres ciclos: colonial, liberal y populista. El primero se refiere al período colonial marcado por conflictos étnicos en que los colonos buscaban imponerse por sobre los nativos, mientras que el segundo transcurre durante el siglo XIX en un continente europeo que se encontraba pasando por cambios a niveles culturales y económicos, donde se reconocen a todos los seres humanos como iguales, lo cual lleva a un proceso de individualización que tiene como finalidad desintegrar las comunidades. Cabe destacar que a pesar de esta transformación, la sociedad de esta época mantenía elementos del ciclo anterior, por lo que persistía una exclusión y agresión a los pueblos nativos.

El ciclo populista comienza a mediados de 1952 e interactúa con los anteriores, elaborando métodos de disciplina más refinados a través del liberalismo como por ejemplo la escuela rural masiva o la reforma agraria, elementos que completan el proceso de individualización y el etnocidio. (2010)   

2.- Lo citado es una declaración que estuvo sin publicar hasta la preparación de Ana Mendieta: A retrospective, exposición presentada entre los años 1987 y 1988 por el The New Museum of Contemporary Art en Nueva York  y que elaboró en 1987 un catálogo sobre la misma donde se encuentran estas palabras de la artista. 

Bibliografía

Cusicanqui, S., (2010) Violencias (re)encubiertas en Bolivia, La Paz, Editorial Piedra Rota.

Rojas, S., “Estéticas Latinoamericanas II”. Universidad de Chile, Santiago. 6 nov. 2020.

Rojas, S., “Estéticas Latinoamericanas II”. Universidad de Chile, Santiago. 18 nov. 2020.  

Segato, R., (2013) La escritura en el cuerpo. De las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez, Buenos Aires, Tinta Limón.

Taylor, D., (2012) Acciones de memoria: Performance, historia y trauma Lima, Fondo Editorial de la Asamblea Nacional de Rectores. 

Tucker, M., Perreault, J., Barreras del Rio, P., & Ewington, J. (1987). Ana Mendieta: a retrospective. The New Museum of Contemporary Art.

Sitios web

Baigorri, L. (2006). Ana Mendieta. La huella de una tragedia. Recuperado de: https://www.academia.edu/20076722/Ana_Mendieta_La_huella_de_una_tragedia?show_app_store_popup=true (Revisado el 23/08/2021)

Castillo, M. (2018). The New York Times. Nueva York: Ana Mendieta, una artista cubana que sobrepasó los límites. Recuperado de: https://www.nytimes.com/es/2018/09/21/espanol/cultura/ana-mendieta-artista-obituario.html (Revisado el 23/08/2021)

Ceppas, F. (2016). Ana Mendieta: arte, cuerpo, género y naturaleza. Panambí Revista de Investigaciones artísticas. Recuperado de: https://www.researchgate.net/publication/318335340_Ana_Mendieta_arte_cuerpo_genero_y_naturaleza (Revisado el 23/08/2021)

Mendieta, A. (1972). Glass on body. [Fotografía] Recuperado de https://womanarthouse.com/2018/03/11/ana-mendieta/ (Revisado el 23/08/2021)

Mendieta, A. (1973). Moffitt Building Piece. [Fotograma] Recuperado de https://www.artforum.com/print/201509/bodily-rites-the-films-of-ana-mendieta-55531 (Revisado el 23/08/2021) 

Mendieta, A. (1973). Untitled/Rape scene. [Fotografía] Recuperado de http://revista.escaner.cl/node/1434 (Revisado el 23/08/2021)

Mendieta, A. (1973). Imagen de Yagul. [Fotografía] Recuperado de https://www.sfmoma.org/artwork/93.220/ (Revisado el 23/08/2021)

Xiqués, D. (2020). Granma. La Habana: Operación Peter Pan: así la CIA trasladó secretamente a EEUU y España más de 14 mil niños cubanos sin acompañantes. Recuperado de: http://www.granma.cu/hoy-en-la-historia/2020-12-24/operacion-peter-pan-asi-la-cia-traslado-secretamente-a-eeuu-y-espana-mas-14-000-ninos (Revisado el 23/08/2021) 

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