No se deja leer: indicios sobre el misterio en Edgar Allan Poe y Raúl Ruiz

Cristóbal Vilo Suárez

imagen perteneciente al film L’hypothèse du tableau volé (1978) de Raúl Ruizselección propia.

Preparando una pequeña lectura sobre el cuento de Edgar A. Poe “El hombre de la multitud” (1840) para el seminario “Poe: notas para una lectura general” a cargo de Pablo Oyarzún, recordé un filme de Raúl Ruiz que pude ver hace algunos años, su nombre en español es “Hipótesis de un cuadro robado” (1979) y al momento de verla me intrigó cómo induce un misterio que entrega la sensación de irse revelando a la medida que avanza la película y hacia el final no se resuelve concretamente. Al leer el cuento de Poe tuve una experiencia similar, esto me motivó a realizar este texto donde busco proponer una lectura de “Hipótesis de un cuadro robado” de Raúl Ruiz, desde los elementos narrativos que se pueden observar en “El hombre de la multitud” de Poe y como estos permiten el desarrollo del misterio en ambos. 

Parto con “El hombre de la multitud”, cuento de Poe que fue publicado en el año 1840. Es anterior a sus cuentos de misterio y crimen quizás más conocidos “Los crímenes de la Calle Morgue” (1841), “El misterio de Marie Rogêt” (1842) y “La carta robada” (1844), siendo estas tres obras protagonizadas por su personaje Auguste Dupin. Pero en el caso del hombre de la multitud Poe no señala el nombre del protagonista, más bien nos habla en primera persona recordando una experiencia que tuvo tras aún encontrarse convaleciente después de varios meses de enfermedad, lo que lo mantiene con una percepción alterada del mundo, este dato podría parecer sutil, pero más adelante veremos este elemento igual se presenta en la película de Ruiz. 

El protagonista mira a través de la ventana del café, como la multitud de la calle cambia a medida que la describe, principalmente desde sus actitudes y ropas, de esta manera se conforma  una clasificación que va definiendo las ocupaciones de los grupos. Esto se interrumpe al ver a un hombre que le llama profundamente la atención.  Poe lo describe así:

“Pegada la frente a los cristales, ocupábame en observar la multitud, cuando de pronto se me hizo visible un rostro (el de un anciano decrépito de unos sesenta y cinco o setenta años) que detuvo y absorbió al punto toda mi atención, a causa de la absoluta singularidad de su expresión. Jamás había visto nada que se pareciese remotamente a esa expresión.” (Poe. 2009.)

La singularidad de la expresión, que para el protagonista es indescriptible ante su novedad, es de sumo interés en el vínculo que buscaré desarrollar con el filme de Raúl Ruiz. Los gestos, características corporales y las miradas serán hilos que conducirán la atención en ambos autores. Continuando con el relato de Poe, nuestro protagonista decide seguir a este llamativo hombre para descubrir sus intenciones, ya que siente algo siniestro y frío en el viejo. Al seguir se percata del caminar irregular del hombre que a momentos se vuelve acelerado, en otros lento e inseguro. Así se mueven entre mercados, calles y tugurios, pasando de lugar en lugar sin comprenderse un fin último del viaje. Esta actitud se mantuvo durante toda la noche y el día, tanto así que al volver a caer la oscuridad de la noche nuevamente, el protagonista ya se encuentra exhausto, se detiene y el viejo lo mira a la cara. Sin darle importancia el viejo se aleja y quedándose contemplativo, el protagonista reconoce en él a un genio del crimen, denominándolo el hombre de la multitud, debido a que se niega a la soledad, con esta reflexión asume que no puede aprender más de él cerrando con la frase contenida en la introducción del mismo cuento “er lässt sich nicht lesen” (no se deja leer).

El cineasta Raúl Ruiz es exiliado en Francia tras el golpe de estado al gobierno de Salvador Allende, ya en este lugar se interesa en el trabajo del destacado escritor francés Pierre Klossowski. Su interés se tradujo en primera instancia en conocerlo y pedir permiso para grabar una adaptación de la novela  “La vocation suspendue” (1950) la cual se estrenó el año 1978. Al terminar este filme, Ruiz se pone a trabajar en su siguiente película “L’hypothèse du tableau volé” (1979), obra en la cual Klossowski sería parte íntegramente de la construcción del guión que realizaron en conjunto. 

La trama de la película consiste en un coleccionista experto en arte que cuenta la historia de un escándalo producido por una exposición de pintura realizada a fines del siglo XX, con obras de un artista ficticio al que se refieren como Tonnerre. Estas obras se muestran como la representación de una ceremonia secreta -lo que habría producido el escándalo- pero el coleccionista busca revelar el verdadero escándalo detrás de las obras. En esto es interpelado y dialoga con un narrador que se presenta como voz en off del documentalista. 

El coleccionista nos señala que la serie se compone de siete cuadros, de los cuales solo se conocen seis, para poder ordenar la serie propone recorrerlos en forma de “tableau vivant”, así va hilando cuadro a cuadro. El hombre es honesto al reconocer que las obras tienen poco de escandalosas a simple vista en su tiempo actual, marcando un cambio temporal del gusto mencionando que el escándalo de antes ahora es irrelevante, pero es esto lo que le abre la posibilidad de indagar una intriga que se encuentra oculta sobre el primer escándalo.

El coleccionista al igual que el protagonista del cuento de Poe, toma una actitud que podríamos indicar como voyerista, debido a que en el cuento de Poe el protagonista se escuda en un comienzo de la multitud por medio del vidrio del café, el coleccionista de Ruiz lo hace con el uso de binoculares, con los que puede apreciar desde su ventana la primera escena representada como “tableau vivant” (escena que despertó en mí el recuerdo del filme “Salò o le 120 giornate di Sodoma” (1976) de Pasolini, lo que ya me comienza a producir una sensación siniestra como espectador). Este punto de observación que tienen ambos personajes no es suficiente para satisfacer sus intereses, viéndose motivado por la pulsión de acercarse y descubrir lo oculto. Se hace necesario dejar atrás las barreras integrándose, pero la actitud voyerista se mantiene, ambos ubican su curiosidad en la expresión de los cuerpos que velan un aparente crimen.

Salò o le 120 giornate di Sodoma (1975) de Pier Paolo Pasoliniselección propia.

La cámara de Ruiz al recorrer las personas que componen el “tableau vivant”, transmiten una sensación siniestra al representar una dualidad de objeto inerte y persona viva. En el primer cuadro “Diana y Acteón” existe un énfasis por parte del coleccionista en la mirada de los personajes, propone principalmente, estudiar la mirada y sospecha la presencia del tercer personaje que no es necesario para la narración mitológica, pero si para el funcionamiento del cuadro, se estudia la mirada y la proyección de la luz que se refleja del espejo que sostiene. El énfasis en la mirada es un recurso que Poe igual emplea en su cuento, siendo la sospecha que le generó la mirada, lo que motivó a que su personaje siga al viejo. 

El coleccionista sigue la luz que proyecta el espejo, que en este momento representa el camino a seguir para revelar el secreto de los cuadros, de la misma manera en que el protagonista de Poe sigue al viejo de lugar en lugar. La luz lo lleva al segundo cuadro iluminado desde dos ventanas opuestas, lo que induce la presencia de la luz artificial reflejada por el espejo. La escena está compuesta por dos cruzados jugando ajedrez, abajo un paje y al fondo un comendador que los sorprende. El paje llama la atención nuevamente por el gesto facial, elemento que parece ser un constante en esta altura del filme, y el comendador con su gesto corporal apunta a un espejo de medialuna. Destaca la composición jerárquica, que explicita un orden social. Este elemento social,  que se trabaja y se desarrolla a largo de toda la película es importante para comprender lo escandaloso de la serie, el lugar que ocupan los personajes no solo en la composición sino también en sus sociedades. Conociendo el contexto cruzado es que el espejo señalado por el comendador toma valor para el coleccionista, que al ser de medialuna hace pensar en el símbolo del mundo árabe. 

El coleccionista se desplaza del cuarto a la tercera escena donde se está realizando un ritual de castigo propio de la Inquisición. Al introducirse en el “tableau vivant” logra reconocer el mismo espejo de medialuna, motivo por el cual señala, que este cuadro es el que sigue en el orden de la serie. Presenta una sospecha en el tratamiento del claroscuro, porque le quita relevancia a los personajes que deberían ser más importantes en la jerarquía, por esto decide invertir la luz y destaca una máscara en el techo del centro de la pieza. 

La máscara como objeto no se encuentra físicamente presente en ninguna otra pintura de la serie. El coleccionista se desconcierta, siente lejano su objetivo de revelar la verdad de la serie, por lo que asume que existe otra máscara en el cuadro robado faltante y este sería el siguiente en la serie. Pero el cuadro robado es negado como conocimiento al no estar presente en la colección, esto deriva en una expresión melancólica del coleccionista frente a la pintura faltante. Es melancólico en la medida que siente la falta, pero no sabe qué es lo que se encuentra ausente y la indagación en la serie se vuelve en la búsqueda por llenar el vacío dejado por el cuadro robado, como si pudiera reconstruir algo inexistente por medio de señales. Esto me recuerda al que es probablemente la obra más conocida de Poe “The Raven” (1845), obra en la que el hombre protagonista sumido en la melancolía tras la muerte de la amada, busca señales en la respuesta del cuervo, pero el ave es tajante y no existe consuelo para el hombre. De igual manera, el coleccionista busca el consuelo por el cuadro faltante, pero es consciente de su melancolía y esto le hace dudar de sus propias conjeturas. 

Nuestro protagonista decide avanzar, se presenta frente a una nueva escena que parece una reunión familiar, pero el coleccionista nos advierte que lo que hay en la escena no es una simple reunión, sino probablemente la razón del escándalo y es la pintura misma de este momento la confesión pública del acto prohibido ya acontecido. La familia representada se encuentra ligada a la nobleza, lo que explicaría el revuelo que pudo generar el escándalo, es una familia dicotómica para la modernidad, ya que mezcla lo antiguo por medio de una nobleza empobrecida que busca entablar vínculos con urgencia para sobrevivir económicamente, a la vez también demuestra los gustos y la construcción de tradición en la nueva jerarquía centrada en el dinero por sobre los títulos, que establece la burguesía en la modernidad de la segunda mitad del siglo XIX. 

La cámara nos aleja de la escena y se centra en el coleccionista que reposa en un sitial, este relata su análisis de la obra mientras poco a poco comienza a dormitar hasta caer en el sueño. En el momento en que se duerme continúa el relato por parte del documentalista, pero este guarda cuidado, susurra, para no despertar al hombre en el sitial, como si la voz en off procurara estar presente en la sala. Esta situación que se plantea desde lo cinematográfico, me hace pensar en que la dualidad coleccionista/documentalista puede ser un símil a la cordura/locura que es planteada en los tópicos románticos. Tema que en mi caso personal rescato de la lectura de Nietzsche -en su etapa temprana- en el libro “El nacimiento de la tragedia” (1872) donde advierte de la presencia apolínea del sueño, contraria a la dionisiaca ubicada en la embriaguez. Es el estado de consciencia alterado un tema también trabajado por Poe, recordemos que el protagonista de su cuento señala que aún se encuentra convaleciente tras meses de enfermedad, siendo este estado de percepción alterada el que de cierta forma lo lleva a la observación de la multitud y le permite estar un día entero siguiendo a un viejo. Esta idea respecto al estado mental del personaje se retomará al final del filme, ya que en este momento de la película el coleccionista despierta decidido a dar explicación al escándalo oculto.

L’hypothèse du tableau volé (1978) de Raúl Ruiz, selección propia.

La explicación que da el coleccionista al escándalo, es la presencia del crimen en la familia representada y relata una historia tomada de lo que denomina “novela corta de intriga”, señala que el crimen existe al realizarse actos prohibidos y es mediante la novela que se abre la puerta al rumor público. Tras la lectura de un resumen de la novela, se asocian todas las pinturas a escenas de la historia, el coleccionista plantea que es el movimiento en los gestos lo que le da real unión a todas las escenas, siendo la proyección de todos los movimientos una curva, que puede constituir una esfera. Teniendo este cuerpo geométrico en mente el coleccionista dice haber descifrado el ultimo cuadro compuesto por una esfera ardiente que representaría al demonio andrógino según su lectura, lo que revela el tema y escándalo oculto en las obras: la adoración al culto andrógino. En este punto para la conclusión que plantea el coleccionista se vuelve útil el desconocimiento del cuadro robado, ya que es por medio de la hipótesis de su existencia y contenido que se le da explicación y unión a los vacíos que puede tener su razonamiento al problema.

El coleccionista señala “Ciertamente, el enigma se ha disipado y esto debería satisfacernos, pero no estamos satisfechos.” Si bien, la respuesta al escándalo es el resurgimiento al culto de Mitra, es un conocimiento sin importancia para los simples seres del mundo. El coleccionista se lamenta en su despacho, continúa su divagación relacionando el culto a Mitra con la disciplina militar, señalando que tanto como para lo militar el desfile no es sólo representación sino el ritual en sí mismo, lo son también los cuadros. Estos serían el ritual en sí mismos y conllevarían de la misma manera que un desfile militar, la anulación mutua de quienes celebran el ritual que toma forma de la guerra total. Tras esta reflexión el coleccionista concluye que su viaje mental no tiene sentido, se vuelve demasiado complejo de creer y que su hipótesis es un engaño de tres capas: la referencia por medio del cuadro, la ceremonia como tal y finalmente la representación como ritual en sí mismo. Por esto abandona su teoría, pero replantea su conclusión con estas palabras: 

“la trampa tendida por el pintor Tonnerre comienza a producir su efecto. Los gestos los mismos gestos repetidos de cuadro a cuadro surgen aisladamente, para que los cuadros y lo que representan sean borrados. Entonces, olvidemos, dejemos a los cuadros borrarse. desvanecerse… desvanecerse… a fin de que permanezcan únicamente los gestos, los gestos de la ceremonia.” (Ruiz, Raúl. 1978).

El coleccionista entiende que no puede revelar la verdad tras las obras, su conocimiento es parcial y solo se queda en las formas, mismas formas que a la vez la borran. Esta reflexión llevada al “hombre de la multitud” puede aludir a la misma masa y multitud que el protagonista del cuento ve en un comienzo. Él también solo ve formas al principio: uniformidad dentro de una multitud distinta, esto es posible por medio de la capacidad de clasificación que emplea en su descripción, pero no le permite ver la individualidad oculta detrás. Individualidad que es representada por el viejo que le llama la atención, porque al concentrarse en el detalle, en el individuo, se pretende conocer algo que la multitud nos oculta por su forma. Pero para ambos personajes, el de Poe y el de Ruiz, es un conocimiento inalcanzable, nunca se deja de ver la forma. “Er lässt sich nicht lesen” (Poe. 2009.) como bien mencionó Poe. 

A pesar de los esfuerzos que realizan los personajes en este ejercicio físico y mental que se repite como un obstinato prometiendo estallar. Cuando el personaje del cuento sigue lugar por lugar al viejo en busca de respuestas, o el personaje del filme sigue escena por escena indicios que relacionen los cuadros en busca de revelar lo oculto. Esa promesa de conocer, la verdad detrás de un crimen, un escándalo o lo que se nos oculta como peligroso resuena como una tensión musical, genera una expectativa que se ve obligada a resolver en sí misma, a suprimirse. Nos entregan un placer en el recorrido, que contrasta con la angustia de descubrir que el destino al cual llegar, solo existe en la medida en que lo creamos posible, pero no lo podemos comprobar.

En definitiva, en el conocimiento de un crimen inexpresado es parte de la angustia de la modernidad que expresa Poe en “El hombre de la multitud” y que más de un siglo después Raúl Ruiz plasma como “los misterios que no permiten que se los revele” (Poe. 2009.), en su filme “L’hypothèse du tableau volé”, son origen de una melancolía propia de una modernidad que pretende otorgarle forma y respuesta a todo. Ambas obras recorren un camino en común -guardando las proporciones propias de los formatos- en la forma de abordar el misterio como una pulsión que debe revelar aquello que se nos oculta, entendiendo que el misterio como tal es el camino a esa respuesta que implica que deba tener solución.


Referencias:

Jérôme Prieur. (Director). (2006). Raoul Ruiz, du Chili à Klossowski [Película]. Black out / INA.

Nietzsche, F. & Pascual, A. (2012). El nacimiento de la tragedia o Grecia y el pesimismo. Madrid: Alianza Editorial.

Pasolini, Pier Paolo. (Director). (1975). Salò o le 120 giornate di Sodoma [Película]. Produzioni Europee Associate / Les Productions Artistes Associés.

Poe, E. A. (1998). Cuentos (J. Cortázar, Trad.; 1. ed. en “Área de conocimiento, literatura”). Alianza.

Poe, E. A., Condor, M., & Falaquera, G. (2000). Poesía completa: Edición bilingüe. Hiperión.

Ruiz, Raúl. (Director). (1978). L’hypothèse du tableau volé [Película]. INA.

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