Por una defensa a la imaginación


 

A R T Í C U L O

Por una defensa a la imaginación

Por Neto


 

Para qué estamos con cuentos, la historia del arte tiene más líneas que la raíz de una papa y es por esto quizás, que sobre posibilidades discursivas, existen infinitas opciones. Entrando a pleno siglo XXI, con conexiones de banda ancha infinitas, sería factible creer que el arte objetual ha muerto, o por lo menos que ya no es la única vía. Las vanguardias del siglo XX, nos enseñaron que el arte no tenía por qué ser producto de cortesanos, o meros mendigajes a los poderes fácticos. Algo complejo si uno va a Chaco o a cualquier feria de arte, e incluso si uno ve las lógicas de los concursos públicos y todo eso, donde se ha pasado del mecenas burgués, o la corte del rey, a los fondos estatales y a un mercado que cada vez más pide rebeldía y todo ese rollo de que el artista debe romper límites y un sin fin de lugares comunes. Es decir, la vanguardia se ha vuelto un lugar común, o para el caso de las escuelas de artes, un protocolo a seguir para los jóvenes artistas.

Así que no me voy a meter con la paradoja acerca de cuál es el arte que rompe los límites, porque por mucho que uno intente creerse un cuento, a las finales uno igual termina ahí en el museo de arte contemporáneo, o postulando un fondart, o intentando ganarse algún concursillo para sacar algunas monedas para intentar mantener la vida a flote.

Ahora, de lo que sí me interesa hablar es sobre las posibilidades de la imaginación y sobre cómo, en ese sentido, la galería o el museo no solo cumplen una función ligada a la inscripción de artistas y/o obras, sino que también, y más importante incluso, posibilitan experiencias imaginativas; algo, por cierto, similar a lo que ocurre con los libros, solo que ahora en vez de páginas y mundos abstractos, hay cuerpos y mundos materiales


del-paisaje-y-sus-reinos-06
Del paisaje y sus reinos, Norton Maza, MAC (Quinta Normal), 2013. Cortesía: http://www.nortonmaza.com/

 

La primera obra que se me viene a la mente es Del paisaje y sus reinos del artista Norton Maza, presentada el año pasado en el Mac de Quinta Normal. El montaje, que contempló la recreación de un habitación a partir del cierre de uno de los patios interiores del museo, presenta a un Jesús Cristo narcotraficante siendo atacado por fuerzas militares y viendo cómo su palacio se destruye, todo eso ambientado con el sonido de una ópera o algo así sonando. De los orificios causado por misiles, uno puede mirar la escena de un mundo post- apocalíptico. El espacio era brutal: objetos rotos, espejos rococó, murales en los techos a lo capilla Sixtina representando a Ronald McDonald, y si uno capeaba la vigilancia de los guardias, podía moverse a gusto por la instalación para encontrarse con un infinidad de detalles, como estatuas, armamento pesado e incluso unas líneas de supuesta coca, servidas y listas para jalar. Todo era una triste alegoría a la narcoestetica y el pablo escobarismo, que la TV nos ha entregado como la visión contemporánea del realismo mágico.

 

del-paisaje-y-sus-reinos-19

Detalle de las supuestas líneas de coca de la obra Del paisaje y sus reinos. Cortesía:  http://www.nortonmaza.com/

El hecho de construir una sala dentro de una sala de museo, me conectó inmediatamente con la operación que Shakespeare empleó hace más de 500 años en Hamlet, donde en medio de la obra de teatro los personajes representan una obra de teatro. Esta idea de una representación dentro de una representación, también se me ha hecho patente en los montajes de los artistas Cosiña y León, los cuales ya llevan un par de años deambulando por el mundo con su casa-taller-estudio de grabación del gran largometraje El castillo de la Pureza. El dueto de artistas construyen estructuras precarias en diversos lugares como museos y galerías, donde de manera performática se instalan a grabar sus stopmotion mientras dura la exposición. Los que asistimos no solo podemos ver el espacio cuya intervención va marcando el avance de la película, sino que también a los mismos autores realizándola.

Herederos naturales del Making off, el siglo XXI y el DVD, estos artistas permiten que los espectadores se vayan para la casa no solo con una experiencia estética, sino también con ciertas imágenes de cómo se hace y cómo es posible hacerlo. De alguna manera desatan ganas de hacer monos por cuenta propia después.

 

instalacion07

Detalle de la instalación de El castillo de la Pureza, Joaquín Cociña y Cristóbal León, MAC (Quinta Normal), 2014. Cortesía: http://leoncocina.com

instalacion06

Detalle del interior donde fue grabado el stop-motion de El castillo de la Pureza. Cortesía: http://leoncocina.com

 

En una arista más política, tenemos la serie de operaciones que ha realizado Gonzalo Pedraza, que comenzaron el año 2008 en Galería Metropolitana y terminaron con la exposición presentada el año 2013 en el centro cultural Matucana 100. Me refiero a Colección Vecinal, ejercicio artístico que consiste en realizar una curatoría con la colección de arte de los barrios; es decir, pedirle a los mismos vecinos (en este caso de M100) que lleven a la galería lo que consideran arte. El montaje tuvo la asertividad de ser presentado en la lógica de los “gabinetes de curiosidades” europeos, sin dejar casi ningún espacio vacío entre obra y obra, logrando así utilizar todo el muro poniente. Más de mil obras emplazadas en un total de más de 50 metros a lo largo. Convertir el espacio de arte en un ejercicio de relaciones, donde los productores sean los vecinos y sus subjetividades, es un ejercicio rico en texturas.

Toda la exposición adquiere un tono de monumentalidad, y pareciera invitarnos a imaginar las vidas, las historias y finalmente las subjetividades detrás de esos objetos, que muchas veces desaparecen en Quinta Normal y sus alrededores. El encuentro con el monstruo de la realidad, cara a cara. Algo así como los cúmulos de ropa de Bolstanki (que hasta enero de este año podemos ver en el Bellas Artes), solo que Pedraza en vez de hablar de la ausencia, pareciera hablar de la presencia, de la presencia de los miles de sujetos que viven alrededor de M100 y que, muchas veces, son más interesantes que las mismísimas exposiciones de arte. Una invitación, a grito pelado, para despabilar la retina y mirar el mundo.

 

3

Colección Vecinal, organizada por Gonzalo Pedraza, Centro Cultural Matucana 100, 2013.

 

También durante el 2013, Martín La Roche presentó el Jardín interior seco, en el Mavi. La exposición consistía en la interpretación de un manual japonés sobre la construcción de jardines secos. Como bien explica Martín, estos jardines encuentran su origen en los de la antigua china y serían de cierta manera una traducción de la cultura china a la japonesa. La Roche vuelve a traducirlos ahora en Chile. Traducciones de traducciones, una oportunidad para comenzar a desacralizar la historia y darle un espíritu propio. Los calcetines-pescados, así como la colección de pelusas, o el micro-cine del kiosko ubicado en la sala con la proyección de un stopmotion del montaje, nos hacen recordar que en el cotidiano existen más desvíos para la imaginación que en cualquier galería de arte. Es como si los jardines botánicos y japoneses fueran dispositivos poéticos infinitos, tranquilizadoramente imaginativos.

El trabajo de La Roche ha incursionado desde hace ya varios años por esos rumbos, como sus intervenciones delirantes con don Lucho del año 2011 en el Mac, así como su afamado Plan G en Galería Temporal, que nos hacía recordar a los santiaguinos que Godzilla no está tan lejos de nosotros, porque a las finales compartimos el mar pacífico y sus anillos de volcanes y terremotos.

En la misma Galería Temporal, el compañero de ruta de Martín, Rodrigo Arteaga, presentó una instalación sobre los hongos, la cual tenía la particularidad de no solo hablar de ellos como cuerpos visuales, sino que precisamente como organismos vivos. Un mapamundi viviente, así como pequeños muestrarios, compuesto de formas orgánicas y dibujos. Entre ellos se podía apreciar la fotografía del techo del baño de la casa de sus padres, y a su lado, el negativo de dicha imagen; la primera fotografía mostraba hongos, la segunda el cielo estrellado. La similitud de las formas de ambas fotografías lograba algo similar a lo que el Roberto Matta pensaba en los años 40, y era que tanto el micro como el macro cosmos, son espejos. Gran mensaje nos regala Arteaga con esto, ya que luego de ver algo así, la ducha matutina y aquel hongo tan doméstico que crece ganándole terreno al esmalte del techo, puede ser una oportunidad para viajar a otros mundos.

 

IMG_9370

Jardín interior seco, Martín La Roche. Esta instalación fue realizada reinterpretando el Saku Tei Ki, un manual japonés del siglo XIII en el cual se explica cómo construir un jardín.  Museo de Artes Visuales, Marzo 2013.

 

 

IMG_9354

Detalle de Jardín seco interior.

 

circuito temporal preliminar_-27Convergencias, Rodrigo Arteaga, Galería Temporal, 2013.

Y bueno, hablando de Galería Temporal, es imposible no volver a la calle, al espacio público, al lugar donde todos circulamos, sin tanto arte. La obra de Cristian Rodríguez, recientemente presentada para la Galería Conejo, tiene arto de eso de la imaginación. Encontrar una de esas casas que la especulación urbana de Santiago deja partida por la mitad, refaccionarla y amoblarla con puros muebles diseccionados a la mitad exacta, con precisión de cirujano, es solo el 50% de la obra, que se completa con el cable eléctrico que surge de la galería y llega hasta el espacio intervenido, alimentándolo de luz y así permitiéndole a los transeúntes de Santa Isabel con Lira quedar atónitos ante tamaño absurdo. La obra me recuerda mucho a la narrativa de George Perec, en su novela La vida instrucciones de Uso. Aprovechar la incisión que la ciudad realiza sobre sí misma, para hablar de esa intimidad que las fachadas guardan, es también un regalo que este artista hace a nuestra imaginación, ya que uno puede configurar, al igual que en la novela de Perec, un mundo infinito detrás de las miles de fachadas del viejo Santiago centro, que ha quedado atrapado entre el siglo XIX y las post-modernidad. Casa que han sido habitadas y semi-destruidas, quedando desnudas ante la retina humana.

 

 

_MG_2871

El problema es que no hay fractura, Cristián Rodríguez. La obra, enmarcada dentro de la curatoría “Compromiso con la fractura”, consistía en una caja de luz expuesta en la Galería Conejo que decía “El problema es que no hay fractura”, caja de la cual salía un cable hacia la calle que llavaba electricidad al lugar intervenido en calle Carmen. Galería Conejo, Santiago, Octubre 2014.

 

En varias de estas cosas pensaba cuando participe en la curatoría Sustrato [S/T], para la galería Juan Egenau, que no solo tuvo la chance de ser una de las exposiciones más larga de la historia de la galería (gracias a la toma de la escuela de artes visuales de la Chile), sino también de hacer mierda el lugar. Metimos a 14 artistas -con más de 30 años de diferencia entre unos y otros- en el mismo espacio, sin cédulas y sin importarnos un comino las clásicas soluciones académicas para que cada cual tenga su mono en su lugar y uno sepa de inmediato de quién es cada cosa (panóptico papito). O como decía mi colega Felipe Weason, fue un ejercicio propedéutico, ya que para el contexto de las Encinas (escuela de donde provengo), intentamos invitar a la gente a pensar en un arte que tuviera que ver con la realidad, el fracaso y no el proyecto del éxito, higiénico, del arte de vanguardia envasado y protocolar. La idea era construir un lugar, a partir de obras de arte y no que las obras de artes estuvieran en su lugar. Y creo honestamente que lo logramos.

 

 

IMG_6976

Exposición Sustrato [S/T], Sala Egenau (Escuela de Artes, Universidad de Chile), Santiago, 2014.

 

IMG_7137
Recibimos críticas positivas precisamente por hacer algo útil con ese espacio, por de unas vez por todas mandar a guardar un ratito el reglón cacadémico que inunda muchas veces la insipidez contemporánea. También nos tiraron varias de esas pesadeces propias de los academicistas, más preocupados de guardase la pega o tener un sueño seguro, que de hacer sus monos y terminar encontrándose con sus monstruos en el camino.

Y es por esto último, y también por lo que hablamos con uno de los editores de esta revista hace unas noches atrás, al fragor de la cerveza y los estupefacientes, que he decidido hoy hacer este largo y quizás tedioso (discúlpenme) recorrido por estas pequeñas señales de humo, que han surgido en Santiago estos últimos dos años. Porque la imaginación tiene un valor y como bien hablamos, si a los cabros de los colegios los llevaran a ver montajes como el del Norton Maza, de seguro se irían para sus casas sin pensar que el arte contemporáneo es una cosa pasada a caca, miserablemente elitista, totalmente fría, inentendible y sin un sentido más que alimentar a una manga de flojos burócratas y aburridos artistas, que muchas veces pareciera ser que no tienen nada, pero nada que decirle al mundo.

 










Artículos recomendados

1 Comment

  1. […] El texto completo en: http://www.puntodefuga.cl/?p=1658#sthash.JifdTvs1.dpuf […]

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *