7 de abril


Por Joven artista Neto 1313

“hasta los paranoicos tienen enemigos”

Ricardo Piglia

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El 7 de abril del año 2014, fue lanzado en Japón Dragon Ball Minus; una pre-cuela recientemente entregada por el creador del manga original Dragon Ball Akira Toriyama, un artista japonés de la cultura popular que ha influenciado profundamente el inconsciente colectivo de los jóvenes criados en los noventa a lo largo del globo. La historia que hasta entonces se conocía era que Goku había sido enviado por su padre, en sus primeros días de vida a la tierra (cual Superman), cuando Freezer, un demonio intergaláctico decidiera eliminar a los Sayayin (raza fantástica a la cual pertenece Goku), para evitar así el nacimiento del Súper Sayayin, quien según la leyenda estaba destinado a eliminarlo de este mundo. Esta pre-cuela desarrollada por Akira Toriyama, incluyó nuevas perspectivas a la historia, ya que el autor originalmente había contemplado, que Goku o Kakaratto (su nombre de origen), llegara a la tierra con unos tres años de edad y con cierto conocimiento de su biografía. La empresa que publicara la serie le pidió que cambiara el guión, para así poder integrarse mejor con el mito -ya universal- del héroe desterrado en su nacimiento y que luego cumple con su destino irremediable.

Más allá del paralelo con el concepto del destino propio de la tragedia griega, o con el mito judío de Moisés, esta historia me hizo reflexionar espontáneamente sobre mi arribo al mundo del arte y a toda la polémica generada estas semanas sobre el Arte Joven o “arte Sub 30”; y a su vez, todo lo que en diversos medios escritos como “Arte y Crítica”, “Revista Punto de Fuga” y “Artishock” ha proliferado. Es que al parecer la exposición ha generado más ruido del que yo pensé que podía llegar a provocar. Cuando me enteré del proyecto, al cual fui invitado a participar y finalmente no quedé según me dijeron, porque mi trabajo no era claramente “de pintor” y no se veía un destino muy prolífico o muy claro.

Estaba en segundo año de la escuela de artes y sinceramente no me importó, de hecho cuando me enteré de los artistas que participarían en el proyecto, me sentí avergonzado por haber mandado un portafolio malísimo y a la vez muy esperanzado de que el noble profesor que me cursara la invitación, haya creído que a mis 19 años podía estar en ligas que para mí, honestamente son de primera división (para seguir en el tono futbolero de don Diego Parra).

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Ahora a raíz de la gran ola, con perspectiva de tsunami para el pequeño medio que somos (los que nos preocupamos de leer y escribir cosas para revistas de arte en Chile); no sé si partir a la iglesia más cercana, bautizarme y arrodillarme para agradecer a Dios que me considerasen un artista carente de futuro claro, porque de estar en la exposición y ver que tantos críticos no han hecho más que desmembranarla, me daría pánico. Es más, quizá ni me atrevería aparecer por mi alma mater: Las Encinas.

No es por defender Sub-30, porque creo que finalmente ya no quedan argumentos en el tintero para defenderla. Pero me gustaría que los mismo artistas que participaron se pronunciaran, e hicieran algo como una performances absurdas y asistieran disfrazados de Indiana Jones e intentaran robar sus propias obras para que estas subieran de valor, o simularan un suicidio colectivo (ideas gratuitas); como ironizando con esta idea de que el arte Sub-30 es un juego del capitalismo, para vender artistas en verde; o por último que Coco Gonzalez con Victor Hugo Bravo, salieran dando una nota de prensa falsa donde pidieran perdón ante el Vaticano, el clérigo y el demonio también, por este supuesto gesto carente de coherencia con el medio nacional.

Es que ya no les queda nada más que hacer; como si hubieran cometido un pecado al querer generar una instancia donde los artistas logren una visibilidad pública, dentro de la visibilidad pública que tiene el arte en Chile (que es prácticamente 0). Y es que en verdad, me parece que criticar la exposición por los lineamientos políticos que exhibe, es también una crítica a todo el medio del arte, que está un poquito insatisfecho consigo mismo (sin querer herir susceptibilidades, es más soy el primero en considerarse un incapaz), o por lo menos con el medio oficial o institucional, ya que todos los que hemos pasado por una escuela de arte sabemos que pasan cosas, algunas fomes y otras no tanto, pero que están fuera de este problema.

La Chin-chin tirapiés, la escuelitas libres (que en cierta manera están exponiendo en el Museo de Arte Contemporáneo en estos momentos), los cabros que hacen graffitis y murales en todas partes, son muestra de ello; también desde un territorio académico, el texto de Rosa Apablaza Arte Emergente/Arte Sumergente, entrega luces sobre una forma de solucionar la paradoja política de arte-mercado (presente en el fenómeno arte joven), a partir de su entendimiento de hacktivismo y las redes de artistas ligados a la permacultura, la cultura de hazlo tú mismo y una noción de arte-vida que se centra en un rechazo sistemático y abierto a cualquier institucionalidad artística que se desarrolle fuera de la autogestión, es decir un rechazo al poder fáctico propio de una sociedad neoliberal.

Como bien plantea Carol Illanes en su texto, Curatoria y el destino particulado del arte Chileno, el problema pareciera ser la carencia de un campo, o de una orgánica que pudiera dar un criterio unificador en estas muestras de arte joven (como el Salón de Estudiantes, el Concurso de Arte Joven del MAVI). Aunque como bien expone la teórica, esto último sería un despropósito, dado el contexto en el cual se desenvuelven (resultados de concursos, convocatorias o fondos públicos). Es más, el mismo Luis Camnitzer analiza esta situación desde otra óptica, la óptica de las ferias de arte que a mi parecer presenta una sintomatología similar a la de la categoría emergente; son mecanismos que han tendido los diversos poderes sobre las artes visuales (ya sea el de los Estados de antaño por las Bienales, o en la actualidad las galerías con las Ferias) para  e instalar una noción estética determinada de qué es lo que debe ser la cultura, pues al final son los poderes del mercado quienes deciden qué arte puede ser exhibido y en qué contextos. Tienen la hegemonía a la hora de establecer el nivel de circulación de ciertas ideas, es decir, el control de la información y el conocimiento.

Respecto al peligro que encarna este sistema, creo que Diego Parra y Andrea Lathrop hacen eco de esto en sus respectivos ensayos, Marketing Pictorico: Sub-30 y la repetición de la historia como biografía y En verde: Arte en emergencia. Ambos escritores dejan entrever el problema que se está generando en Chile, donde los jóvenes artistas deben reptar para instalarse en un medio que además no existe, o es casi inexistente; como bien plantea Parra, el creer que una exposición y catálogo, va poder incentivar un mercado del arte es ilusorio en un país donde las universidades tienen la hegemonía del discurso artístico, y por lo tanto el intentar replicar modelos como el de los Young British Artists de la Saatchi Gallery, sólo logra hacernos parecer los primos pobres del primer mundo. Por su parte Lathrop hace hincapié en el hecho que esta lógica de concursos y convocatorias “jóvenes” o “emergentes”, son un intento de convertir al artista en un producto, más específicamente un producto en verde, el cual pueda aumentar su valor en unos años más; ambos coinciden en lo nefasto de todo esto, ya que pareciera ser que hoy en día la poética, la creación y el error no están permitidos; menos aún el discurso político, ya que el joven artista emergente se ve obligado a desaparecer de la escena o ingresar a ésta por cualquier medio, abocando buena parte de su energía y tiempo a un proceso competitivo, donde la relaciones sociales, el lobby, las postulaciones y el diseño de portafolios son lo central; en lugar de entregarse a la experiencia del arte.

Creo por otra parte y sin querer ser acusado de capitalista, que un buen número de los artistas seleccionados en Sub-30 tienen procesos sólidos y que efectivamente tienen proyección, ya que es cosa de ingresar a la página del proyecto y ver trabajos de artistas como Cristian Rodriguez, Martin La Roche, Rodrigo Arteaga, Matilde Benmayor, Lautaro Veloso, Pablo Serra, Sofia del Pedregal, Adolfo Bimer; todos ellos buenos artistas, y probablemente los otros también lo sean aunque no conozca su trabajo, así que quizás el ojo Victor Hugo y Coco González, no está tan equivocado.

En todo esto pensaba hoy mientras iba a buscar a mi perra, que llevaba una semana desaparecida; y no se si fue por iluminación divina o por esas cosas del destino irrefrenable, pero tuve la certeza de que me sentía como Goku cuando llegó a la tierra, pensé que él nunca ganó el Torneo de las Artes Marciales en ninguna de las tres ocasiones en las cuales participó (durante la saga Dragon Ball), o si ganó fue en la última contra Piccolo Daimaku; las otras veces perdió, primero con su maestro (el maestro Roshi) y en la segunda contra Ten Shin Han, con quien empata.

No tengo muy claro por qué, pero una vez más Toriyama me iluminó mucho más que Rancière, y me hizo ver que lo más probable es que no gane el Torneo de las Artes Marciales hasta la tercera vez que pelee en él, y de seguro me van a matar muchas veces y deba resucitar otras cuantas, a costa de mi familia, amigos y unas bolas de dragón. Y es que gracias a Dios el arte no requiere ni de artistas ni de obras, así como la poesía de poetas y poemas; es algo que anda solo y funciona por sí mismo, y cambia de épocas y formas, pero se mantiene andando, independiente de nosotros. Esto podría sonar fatalista o alarmista pero no es así, si se fijan bien esto nos da la libertad de mandar el arte a la mierda un rato y quedarnos tranquilos.

Salón de Estudiantes 2013

Quedarnos tranquilos porque de seguro, muchos de los artistas que somos jóvenes (si es que la juventud es algo que se acaba a los 30 y no a los 20, como creo yo), no lleguemos a ninguna parte y eso tampoco es importante; creo al igual que Goku que lo importante es tener amigos y entrenar a diario. Y es que cuando encontré finalmente a mi perrita, pude darme cuenta que el arte es secundario ante los afectos o cosas muchísimo más importante como la salud y la educación. Igual que ante, me parece que si nos vamos a preguntar por todo esto del arte emergente e indignarnos (lo cual es lo mejor que podemos hacer, así que bien por ello), deberíamos también comenzar a ver por dónde decantar este rollito de generar un escena o un sistema donde los miles de artistas que pululamos por este país podamos sentirnos cómodos con nuestra situación de ser la insignificancia misma para la historia del arte universal. Quizás a partir de esa insignificancia, podamos construir nuestros propios mitos, mitos sudamericanos y terrícolas, en los cuales la historia del arte universal (del primer mundo básicamente), pueda ser simplemente un apéndice anecdótico y no, como es hoy un referente indiscutido, o como decía Ignacio Szmulewicz en su ensayo Ni tan jóvenes, ni tan alocados. El reinado del a juventud en el arte chileno actual, preguntarnos por cómo ser joven y vivir el arte en la Latinoamérica del siglo XXI.

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