Construcciones sociales, adjetivos y marginalidad: un diálogo entre Orgullo y prejucio de Sebastián Calfuqueo y Sinónimos de Jesús Monteagudo.


Construcciones sociales, adjetivos y marginalidad: un diálogo entre Orgullo y prejucio de Sebastián Calfuqueo y Sinónimos de Jesús Monteagudo.


 Por Mariairis Flores Leiva

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La herencia de repetir siempre el mismo error, Sebastián Calfuqueo. Cortesía de Jennifer Frías

El viernes 28 de noviembre se inauguró en el Museo de Arte Contemporáneo Sede Quinta Normal, entre otras muestras Orgullo y Prejuicio / Sinónimos de los artistas Sebastián Calfuqueo y Jesús Monteagudo respectivamente. Se trata de una “doble exposición individual” como lo ha denominado el museo. Desde ya este gesto es interesante si consideramos que en lugar de generar una curatoría (es decir una exposición conjunta), lo que hace el museo es establecer un diálogo entre dos trabajos y artistas distintos que hablan una lengua similar. Calfuqueo es chileno y Monteagudo español, cada uno trabajó con un investigador de su misma nacionalidad, pero provenientes de distintas áreas. Matías Marambio, trabaja sobre la historia cultural de América Latina y es quien escribió el texto de muro de Orgullo y Prejuicio, mientras que Sonia Fernández, investigadora y crítica de artes visuales, escribió sobre Sinónimos.

En la sala se encuentran dispuestas sobre un plinto, una serie de hojas que replican los colores de la bandera LGTB, en ellas podemos encontrar impresa una conversación cruzada entre Matías Marambio y Sonia Fernández, que aborda la obra de ambos artistas desde distintas preguntas. Independiente de lo anterior, es evidente que los trabajos conversan, se tensan, debaten. Ya en los títulos ‒que se escriben separados por una barra‒ se produce una simbiosis que al conocer la muestra en detalle cobra sentido y que explicitaremos al avanzar el texto.

El primer trabajo de Sebastián Calfuqueo nos recibe en el hall del museo, se trata de una pequeña casa de muñecas intervenida en su interior con dibujos y al acercarnos a ella nos encontramos con una instalación sonora, en la cual podemos oír entrevistas realizadas a niños de un colegio municipal de Lo Prado ‒comuna en la cual reside el artista‒. A través de la instalación, se abordan problemas de discriminación que pasan por el machismo, la xenofobia y los asuntos raciales. La herencia de repetir siempre el mismo error, es el nombre de la obra que apela de modo directo a la crianza que dan los padres a sus hijos.

Esta obra había sido presentada con anterioridad en el ciclo de exposiciones Compromiso con la fractura realizado en la Galería Conejo a principios de este año, hago énfasis en este hecho, puesto que los dibujos de los niños fueron realizados nuevamente para esta muestra y dada la fecha en la que estamos, al igual que cualquier tienda de retail, la pequeña casa se encuentra invadida por dibujos navideños, en ella vemos árboles, regalos y campanas, los cuales nos confirman cuán permeables son los niños y como incorporan rápidamente aquello con lo que conviven en su entorno. Así también es como interiorizan los modelos que les inculcan quienes los crían, por ello, no nos sorprende escuchar de las infantiles voces respuestas que usan como argumento que algo no les gusta, porque es de mujer en el caso de los niños o porque es de hombre en el caso de las niñas, entendiendo el binarismo de género como la norma. Esas construcciones restrictivas que trascienden a la infancia son las que el trabajo de Sebastián Calfuqueo desarrolla y para ello toma elementos que son propios de los niños y el juego, cuestiones que son familiares a cualquier espectador y que suponen ser elementos triviales, no obstante el mismo trabajo devela como estos tienen un importante potencial, ya que es a través de ellos que se educa en los roles y labores que seguirán cuando sean adultos.

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Ni tan Pride, Sebastián Calfuqueo. Cortesía de Jesús Monteagudo.

SC-Orgullo y prejuicio-2014-HRES-05Ni tan Pride, Sebastián Calfuqueo. Cortesía dede Jesús Monteagudo.

En la sala correspondiente a la exposición de ambos artistas, nos recibe Ni tan pride, una instalación de dieciocho ponis saltarines ‒juguete de hule inflable‒ hechos en cerámica, pintados de seis colores distintos (los cuales aluden a la bandera del LGBT). En su disposición espacial la instalación ocupa un sector considerable de la sala, que permite el tránsito entre las figuras y recorrer toda la instalación. La obra, que alude claramente al movimiento de liberación homosexual, reafirma esta idea en su título y nos remonta a los orígenes del movimiento en EE.UU al traducir la palabra orgullo. No obstante, la obra es situada y al igual que todo el trabajo de Calfuqueo, nos habla desde la sociedad chilena. Existe una contraposición entre el movimiento originario de principios de los ‘90 y lo que es actualmente en Chile, así como también hay un contrapunto entre la materialidad del objeto representado (original) y la del objeto artístico, que genera una paradoja. El pony original es liviano, blando y flexible, mientras que la obra es pesada, fría y rígida, lo que se puede leer como la distancia entre el discurso original y el chileno. Es en esa diferencia que se fundan los cuestionamientos planteados por el artista, los cuales tocan al modelo establecido y normalizado para la homosexualidad, que le ha restado su potencial crítico. Los ponis, que se corresponden con una marcha del orgullo gay, aluden a una supuesta posición crítica que aparece literalmente deflacionada en su espíritu excesivamente carnavalesco y auto-celebratorio. En este punto la factura cumple un rol importante, puesto que a pesar de la materialidad ya descrita, el efecto de los ponis desinflándose está presente y origina un paralelo con lo lánguido de un modelo de homosexualidad que pretende ser lo más normal posible y ojalá nada disruptivo.

La última de las obras expuestas por Sebastián Calfuqueo es Mínimo común denominador, donde el artista dispone veinticuatro pequeñas piezas de cerámica que representan distintos tipos sociales en torno a los cuales se funden una serie de prejuicios. Las pequeñas representaciones de cerámica muestran entre otros a una nana, flaites, un peruano, una enana, una travesti y un cuico. Si bien estas denominaciones incluyen desde nacionalidades, pasando por profesiones hasta clases sociales, todas tienen la característica de ser usados como una ofensa y a su vez, es común escucharlas a diario. En relación a esto, recuerdo el episodio ocurrido en Lollapalooza donde a Ana Tijoux le gritaron “cara de nana” en tono de burla por un grupo de asistentes, este es un ejemplo entre muchos, pero que sirve para denotar lo clasista y racista de son la sociedad chilena. Mínimo común denominador ‒término matemático‒ hace referencia a un término específico sobre el cual se pueden fundar una serie de prejuicios, mientras que al mismo tiempo sirve para encasillar a otros. En la realización de las figuras que componen la obra hay también una síntesis visual que apela a ese “mínimo común” donde el espectador fácilmente reconoce los prejuicios en cuestión. Son como una caricatura que contiene toda especificidad en un código que todos compartimos. La obra funciona como una especie de radiografía a la sociedad chilena, ya que refleja la facilidad con la cual se encasilla a los sujetos y cómo los espectadores frente a la obra son capaces de identificarlos, puesto que son parte del cotidiano.

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Mínimo Común Denominador, Sebastián Calfuqueo. Cortesía de Alejandra Caro.

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Mínimo Común Denominador, Sebastián Calfuqueo. Cortesía Alejandra Caro.

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En una línea similar se encuentra el trabajo de Jesús Monteagudo, quien presenta una serie de cuatro bastidores con bordados correspondiente a la serie Sinónimos, cada palabra bordada corresponde a un modo de denominar a los homosexuales. La cantidad de términos recopilados por el artista es exorbitante y corresponden tanto a palabras aceptadas por la RAE, como a expresiones coloquiales. Todas estas son variantes de un Mínimo común denominador, que buscan identificar al mismo tiempo que prejuzgar. El ejercicio del bordado, que suele ser identificado con lo femenino, parece enfatizar de un modo positivo las palabras ahí escritas, ya que lo femenino es lo que se le recrimina a los homosexuales por parte de una sociedad heteronormada y patriarcal. Al mismo tiempo, bordar es también un acto que requiere tiempo, dedicación y paciencia, cada palabra tiene una tipografía diferente con distintos colores e incluye brillos, corazones o flores ¿qué sentido tiene bordar los que siempre han sido insultos? Parece ser un ejercicio catártico, al mismo tiempo que absolutamente contenido, tranquilo, mesurado, quizá como una reconciliación con las palabras en su sentido original.

El último trabajo de la muestra y de la sala es Chile de la serie Mi territorio que consiste en una bandera chilena bordada en tonos rosados, color comúnmente asociada con lo femenino y que al ser combinada con el ejercicio de bordar, expone al símbolo patrio desdramatizado, sin la carga propia de los colores rojo, azul y blanco, lo que es también un gesto de apropiación por parte del artista. Si pensamos en las entrevistas de La herencia de repetir el mismo error, quizá todas las niñas que se escuchan ahí se sientan fascinadas con esta bandera que responde precisamente a sus gustos y al mismo tiempo, es representativo de la femineidad que se les enseña. Independiente de esta lectura la obra se encuentra un poco descolocada, ya que no tenemos acceso a la serie y por tanto las referencias pueden resultar antojadizas, aunque ‒cabe mencionar‒ se fundan en una lectura que observa el resto de la sala.

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Chile (izquierda) y Sinónimos (derecha), Jesús Monteagudo. Cortesía del autor.

La doble individualidad planteada por el museo me llevó a pensar que orgullo y prejuicio podrían ser leídos como sinónimos. El orgullo de sentir pertenencia a algo, sea esto una sociedad, una raza, una clase, etcétera, permite que los prejuicios surjan frente a todo lo que es diferente. La normalización y la homogeneidad son los valores perseguidos, en una sociedad como la actual. El mercado regula y estandariza cualquier práctica que pueda ser diferente y la incluye de manera despolitizada para que pueda ser consumida. El trabajo de Sebastián Calfuqueo reflexiona de modo crítico sobre los modelos que nos constituyen como sociedad, mientras que Jesús Monteagudo nos habla desde las diversas adaptaciones que tiene el lenguaje para designar lo que le resulta incómodo y que en su repetición se vacía, perdiendo su potencia negativa.

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  1. […] Metropolitana, trabajo en conjunto del artista Sebastián Calfuqueo y la teórica Mariairis Flores (quien ya había escrito sobre el trabajo del artista, en este mismo medio). Inaugurada el 16 de mayo, se encontrará abierta hasta el 31 del mismo mes en Galería […]

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